jueves, 3 de mayo de 2018

¿Alguien sabe a dónde vamos tan rápido?

El otro día cayó en mis manos un par de episodios de “La Casa de la Pradera”, ese entrañable culebrón norteamericano que nos contaba las vicisitudes de la familia Ingalls, con Michael Landon, como gran patriarca.

El caso es que los dos capítulos que me apresuré a ‘revivir’, recordando aquellas tardes de domingo delante del televisor junto a toda mi familia, me defraudaron y lo hicieron, no por la temática, entretenida y recurrente, sino por la acción, demasiado lenta para mi gusto, mi gusto moderno, supongo. Y no tardó en asomarse a mi memoria esa misma sensación que percibí cuando volví a ver otro clásico de la tele, “Arriba y Abajo”, hace ya algunos años.  

Si echas la vista atrás verás que ahora vivimos mucho más deprisa que antes, el ritmo que imprimen las películas y la TV te puede hacer reflexionar

El tema está en que esa lentitud que ahora percibo cuando veo una película antigua no es otra cosa que el reflejo de que ahora vivimos mucho más deprisa. Y mientras pienso en eso, recuerdo que la primera vez que vi “CSI”  me pareció que seguía un ritmo tan rápido que me era difícil mantener el hilo de las andanzas de Horatio y los suyos. Sin embargo, en seguida me hice adicta, me acostumbre y ya no me parece que su ritmo de las series de ahora sea tan vertiginoso.

Todo esto me lleva a la conclusión de que la vida se va acelerando según pasan los años. Antes escribíamos una carta y teníamos que aguardar días la respuesta, ahora es poco menos que inmediato; antes telefoneabas a alguien y podía ser que no estuviera, hoy eso es casi impensable. Si no está es que no quiere, porque seguro que su Smartphone está encendido las 24 horas del día. Antes si necesitabas un dato para cualquier cosa tenías que, cuanto menos, moverte de tu asiento para conseguirlo. Ahora con un golpe de ratón o de botón lo tienes todo ante tus narices
¿Y qué tiene que ver esto con las películas antiguas? Pues, eso, que lo que nos llega por la pequeña –y gran- pantalla no es otra cosa que el reflejo de una sociedad que cada día va más deprisa. En fin, que yo solo espero que sepamos hacia dónde, porque yo empiezo a marearme.

lunes, 2 de abril de 2018

Las mujeres, con eso de la revolución femenina, nos hemos equivocado

Yo siempre defiendo ante quien me quiera escuchar que las mujeres, con esto de la revolución femenina, nos hemos equivocado. Yo no digo que tengamos que seguir quedándonos en casa, al cuidado de nuestros hijos, que desde luego, la que quiera o la que pueda tiene todo mi respeto. 

Nos hemos equiparado a los hombres cogiendo todo lo malo y no les hemos 'obligado' a ellos a evolucionar

Lo que yo digo, es que nos hemos querido equiparar al hombre cogiendo todo lo malo de ellos y en vez de obligar al hombre a evolucionar también. Es decir, nos hemos puesto a trabajar (pero no nos hemos liberado de la carga de la casa, de cuidar a los hijos, de faltar al trabajo cuando están enfermos… ni tampoco hemos conseguido que nos paguen lo mismo y nos consideren de igual forma). También hemos batido records a la hora de fumar, de beber, de conducir como posesos… (‘virtudes’ estás propias de los hombres hasta hace bien poco y que ahora hemos hecho muy nuestras). Entre los logros, también hemos conseguido liberarnos, al menos un poco (ya no se nos mira tan mal cuando tenemos más de un novio aunque sí se nos sigue tachando de ‘ligeras’, por no decir otra cosas, si nos liamos con nuestro secretario o compañero de trabajo, vamos, como han hecho ellos durante siglos.

Lo que quiero decir es que las mujeres somos las primeras que tenemos que exigir que sean los hombres los que cambien. Que no se queden como meros espectadores de nuestra revolución sino que se impliquen. O sea, que desde pequeños sepan que tendrán que cuidar a sus hijos, que alguna vez –tantas como su mujer- tendrán que llevarlos al médico, que muchas veces –tantas como su mujer- tendrán que pasar el aspirador o ir a la compra... Tendrán que meterse en su cabeza que una mujer bien preparada es igual a ellos y debe ser considerada igual que ellos y cobrar lo mismo…. Y las mujeres tendremos que dejar de hacernos las víctimas y delegar en ellos. Que no saben fregar, pues que aprendan, que no saben cambiar el pañal pues que miren las instrucciones…

Las mujeres no hacemos camarilla con nuestro jefe para celebrar un buen resultado... Ellos sí

Como no hablamos de fútbol...
En el mundo laboral veo que tardaremos más en conseguirlo porque de momento hay pocas mujeres que mandan y los hombres que lo hace suelen confiar más en personas de su mismo género. Quiero creer que lo hacen porque la mayoría son mayores y han sido educados de ‘otra manera’, pero a veces también pienso que lo hacen porque las mujeres no nos vamos con los jefes a tomar cervezas después de trabajar (si lo hacemos, se interpretaría mal y además no podemos porque tenemos que ir corriendo a casa a ocuparnos de nuestros hijos, a ayudar con los deberes, a hacer la cena... mientras nuestro marido sí puede irse con el jefe a celebrar lo que sea porque eso le viene bien a la hora de pretender un ascenso). Además, las mujeres no solemos hacer camarilla con el jefe hablando de fútbol o alardeando de nuestras conquistas (entonces se nos pondría alguna etiqueta o alguien pretendería entrar a formar parte de ellas)… En fin, la pescadilla que se muerde la cola.


Las mujeres poderosas deberían ser las primeras que dieran oportunidades a mujeres competentes sin necesidad de cuotas

Yo tampoco estoy a favor de la discriminación positiva, creo que puede dar lugar a errores e injusticias… pero me gustaría mucho que las mujeres poderosas fueran las primeras que a igualdad de condiciones eligieran antes a una mujer que a hombre, así al menos comenzaría a igualarse la balanza.

¿Por qué nos resignamos?
Desgraciadamente quedan algunas generaciones para que la igualdad de sexos sea un hecho. Pero desde luego, las mujeres también tenemos mucha culpa de que esto no vaya más rápido. Porque vamos a la universidad, nos preparamos bien, trabajamos el doble… y seguimos cediendo y resignándonos cuando se nos aparta de un proyecto porque queremos tener hijos o simplemente porque cuando hemos cumplido con nuestro horario estamos deseando irnos a casa…

martes, 6 de marzo de 2018

El alfabeto emocional


Este es un viejo post que curiosamente cumple hoy cinco años y por eso me apetece volverlo a sacar a la palestra. A ver qué te parece:
El Dr. Hitzig, autor del libro ‘Cincuenta y tantos’ ha desarrollado un alfabeto emocional que explica por qué unas personas envejecen mejor que otras.
Las conductas que comienzan por R son las peores, mientras que las que lo hace por S son las que nos alargan la vida. Si te quieres sorprender sigue leyendo.
Las conductas con R: Resentimiento, rabia, reproche, rencor, rechazo, resistencia, represión… son generadoras de coRtisol, una potente hormona del estrés, cuya presencia prolongada en sangre es letal para las células arteriales ya que aumenta el riesgo de adquirir enfermedades cardio-cerebro-vasculares.
Las conductas R generan actitudes D: Depresión, desánimo, desesperación, desolación.
En cambio, las conductas con S: Serenidad, silencio, sabiduría, sabor, sexo, sueño, sonrisa, sociabilidad, sedación… son motorizadoras de Serotonina, una hormona generadora de tranquilidad que mejora la calidad de vida, aleja la enfermedad y retarda la velocidad del envejecimiento celular.
Las conductas S generan actitudes A: Animo, aprecio, amor, amistad, acercamiento.

Fíjate que así nos enteramos de que lo que siempre se llamó ‘hacerse mala sangre’ no es más que un exceso de cortisol y una falta de serotonina en la sangre.

Algunas reflexiones más del Dr. Hitzig:
Presta atención a tus PENSAMIENTOS pues se harán PALABRAS.
Presta atención a tus PALABRAS pues se harán ACTITUDES.
Presta atención a tus ACTITUDES porque se harán CONDUCTAS.
Presta atención a tus CONDUCTAS porque se harán CARACTER.
Presta atención a tu CARACTER porque se hará BIOLOGIA.


Hace muchos años el poeta Rabindranath Tagore decía: "Si tiene remedio, ¿de qué te quejas? Y si no tiene remedio, ¿de qué te quejas?" Podría servirnos para aprender a dejar las quejas y los pensamientos negativos de lado y buscar en cada situación el aspecto positivo ya que hasta la peor de ellas lo tiene.

De esa forma nos inundaría la serotonina con todas sus eses, la sonrisa se nos grabaría en las mejillas y todo ello nos ayudaría a vivir mucho mejor ese montón de años que la ciencia nos ha agregado. Porque, olvidaba escribirlo, el Dr. Hitzig ha comprobado con sus investigaciones que quienes envejecen bien son las personas ACTIVAS, SOCIABLES Y SONRIENTES. No las rezongonas, malhumoradas y avinagradas (que nadie quiere tener cerca).

Todo es cuestión de actitud "Un amigo, viene a tiempo; los demás, cuando tienen tiempo".

viernes, 2 de marzo de 2018

Cuando no teníamos conciencia ecológica y reciclábamos más que ahora

Siempre que sale la conversación digo lo mismo: antes se reciclaba más que ahora y eso que nadie nos machacaba con que el planeta se está muriendo. No hacía falta. En nuestra mente estaba escrito con letras de oro que había que aprovechar las cosas. Era supervivencia.

Cuando yo era pequeña, en mi casa se reciclaba casi todo. La ropa de mis padres que se quedaba vieja o se deterioraba se arreglaba para confeccionarnos a nosotros (a mis tres hermanos y a mí) cualquier prenda, una blusa, una falda, unos pantalones... Ni que decir que la ropa de los hermanos mayores siempre terminaba en el armario de los más pequeños, zapatos, abrigos, uniformes del colegio...

A la hora de comer no se tiraba nada: el pan duro se rallaba; con la fruta muy madura se hacía compota; con los restos del guiso, filetes rusos, arroz o pasta con tropezones; el embutido que no se comía terminaba en croquetas, con las verduras que afeaban se hacían puré... y así.

Las botellas y los tarritos de yogur se devolvían cuando comprabas otros. Mi madre iba al mercado con una bolsa de tela y allí echaba todo lo que iba comprando. Nada de bolsas de plástico o de papel.

Los periódicos viejos, libros usados, tebeos... se vendían al peso. Buenas perrillas nos sacábamos mis hermanos y yo por ello.

Por supuesto, todo aparato que se estropeaba se llevaba a arreglar. La tele, la radio, los electrodomésticos... nada de comprar otro hasta que aquellos daban sus últimos estertores.

Lo dicho. Que sin que nadie nos dijera nada, sin necesidad de contenedores al efecto, sin tener conciencia ecológica, que en aquellos tiempos ni se sabía lo que era, reciclábamos más que ahora. Entonces, digo, era supervivencia. Nos jugábamos el día a día.

Lo de ahora es mucho más complicado. Después de subirnos al bólido del consumo, de la moda, de la obsolescencia programada... que nos lleva a toda velocidad por el camino del dispendio, nos está costando bajarnos y valorar que la naturaleza, al fin y al cabo, puede vivir sin nosotros pero que nosotros no podríamos vivir sin la naturaleza.

jueves, 1 de febrero de 2018

Los nuevos bestseller o como todo vale para enganchar al lector

En los últimos tiempos el mundo del bestseller está dando un giro hacia el 'todo vale para conseguir enganchar al lector', una tendencia tan absurda como cínica que falta al respeto a los amantes de la buena literatura.

Me refiero a ese elenco de nuevos autores (por supuesto, no todos) que cuentan su historia, casi siempre policíaca, como si se la narraran a un amigo deprisa y corriendo en una cafetería, y sin una pizca de buena literatura. Es decir, que ahora lo importante es mezclar asesinos, policías, secuestros, misterios, forenses, mentiras, amores prohibidos, secretos inconfesables... y llevarlo al último extremo pero sin perder un minuto en recrearse lo más mínimo en mimar el lenguaje, en sacarle la esencia a la última de las palabras, en enriquecer la historia con descripciones...

Quiero decir que no sería malo mezclar todos estos ingredientes si además de  un buen desenlace hubiera en las páginas de estos últimos éxitos de ventas algo de literatura. Un poco de virtuosismo con la pluma o con el ordenador, vamos.

Que a mí me encanta la novela negra, las grandes historias de detectives... pero no a cualquier precio. Que también quiero que el escritor me de todo de sí, que se vacíe narrando esa historia que ha fabricado en su mente privilegiada. Que para contar una historia de cafetería valemos cualquiera.

miércoles, 3 de enero de 2018

Que asco dan algunas tiendas en rebajas. Y no, no hablo de precios

Lo de las rebajas es un asquete, la verdad. No lo digo por los precios, que también. Porque rebajas, rebajas... hay pocas ya que de un tiempo a esta parte los precios han caído bastante pero desde luego también la calidad.

Pero no es este el objeto de este artículo. Lo que quiero denunciar aquí, es el asquito que dan las tiendas, bueno, algunas, cuando es temporada de rebajas.

Yo no sé si es que no se dan cuenta en los establecimientos o es que les da igual, pero eso de tener toda la ropa por el suelo, pisoteada, sucia, desordenada... no invita nada a comprar. Puede que como no hay personal bastante o como los sueldos de los empleados serán de risa, pues no se ponga el debido interés para que todo esté en orden para el cliente.

Pero también pienso en los clientes. ¿Quién entra a comprar en una tienda que tiene muchos de sus artículos tirados en el suelo? Pues la verdad es que hay mucha gente que lo hace. Y yo me pregunto ¿y no les importará que haya rodado por el suelo de la tienda la ropa que se llevan a casa? Igual, si está a buen precio prefieren lavarla antes de estrenarla. No sé. Sinceramente, no lo entiendo.

Y otra cuestión, ¿Por qué está tirada en el suelo? Por un lado, quizá por lo que apuntábamos un par de párrafos más arriba, porque hay poco personal para colocar las cosas. Pero también, porque los clientes, al menos algunos, no respetan el orden, por decirlo lo más finamente posible que se me ocurre. Igual es que también lo tienen así en casa.

En fin, que las rebajas son un asco en el sentido más estricto de la palabra.

sábado, 30 de diciembre de 2017

¿Promesas de año nuevo? ¡Sé feliz!

Con el nuevo año, siempre llegan las promesas para uno mismo, como si estuvieran adosadas al calendario de enero: apuntarse -e ir- al gimnasio de una vez, perder esos kilos de más, dejar de fumar, empezar a reciclar, matricularse en clase de inglés, utilizar la agenda... 😂😂😂

Unas promesas que también a veces llegan en los primeros días de septiembre y que llenan nuestros pensamientos pero que, como han llegado, se esfuman sin más dilación a la primera de cambio.

En el fondo queremos ser mejores, o quizá, perfectos. Nos remuerde la conciencia por lo dejados que somos a veces con nuestro propios objetivos. Pero, es que... ¡Ay! el famoso 'es que'. Por favor, destiérralo de tu vocabulario, si quieres cumplirlas. Ni el día a día, ni el estrés, ni la falta de tiempo que nos envuelven en la rutina, que nos atrapan y no nos dejan ser fieles a nosotros mismos, deben ser tus enemigos.

Si eres capaz de cumplirlas te sentirás muy satisfecho. ¡Enhorabuena! No es nada fácil. Ya sabes, muchas veces los seres humanos estamos hechos de sueños, de quimeras. Pero tú no. Lo has conseguido esta vez.

Pero si no puedes o, en el fondo, no quieres cumplirlas o, sencillamente, no te has hecho ninguna, no te preocupes, no te juzgues ni te martirices. Igual no estás hecho para hacerte promesas. Porque, además, si no te pica el amor propio es que no hay solución.

Lo dicho, si este es tu caso, olvídate y ¡sé feliz! Busca tus objetivos en cosas más sencillas. Seguro que la vida te resulta mucho más fácil.


miércoles, 28 de junio de 2017

Cuando el malo es el protagonista

Nos quejamos de que en estos tiempos ya nada es como era. Que hay una crisis de valores, que no hay educación, que ya no quedan principios. Es verdad. Lo vemos a diario en cada esquina, en el trabajo, en el autobús, en el supermercado... y, desgraciadamente, también a veces en nuestra propia casa.

Esta transformación de la sociedad tiene muchas fuentes, me parece a mí. Pero hay una que me llama mucho la atención, el nuevo cine, las nuevas serie, la nueva literatura. Me explico. Resulta que antes en cualquier historia de ficción, en cualquier formato, al final siempre ganaban los buenos. A ver, no quiero decir que todo fuera de color rosa. Había dramas y tragedias, claro, pero siempre el bien prevalecía sobre el mal.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte se ha puesto muy de moda que los malos sean los protagonistas. Como prueba baste un botón, que diría mi abuela, House of Cards, todo vale para llegar a lo más alto del poder. Pero es una cosa generalizada. Ahora, para tener éxito hay que alabar sin ningún pudor las artimañas para lograr lo que se desea.  

Esta tendencia, que también la estoy viendo en la nueva literatura (Falcó, de Pérez Reverte, por ejemplo), cuenta historias en las que los malos son los que empatizan con el lector, son aquellas personas a las que parece que hay que perdonar -o imitar- porque los buenos no son muy simpáticos... O, a veces, porque no sencillamente son los menos malo por ausencia de lo correcto. 

En esta crítica que hago de los nuevos mensajes que desde los medios de entretenimiento llegan a la sociedad tengo que referirme obligatoriamente a los programas basura. Esos mal llamados 'realitis' que airean los rincones más oscuros de la vida de las personas desde la pequeña pantalla, una vida que muchos anhelan imitar. Pero de esto ya se ha hablado sobradamente sin mucho éxito, la verdad.  

No sé. Esta tendencia a ensalzar las malas prácticas me parece preocupante y peligrosa y desde luego un tema para reflexionar. Porque no sé si esta nueva sociedad en la que vivimos y de la que nos quejamos por su falta de humanidad será un reflejo de esas nuevas historias con las que nos bombardean a diario. Ya se sabe el poder que ejercen los medios en una sociedad que no está acostumbrada a pensar. 

Lo malo es que quizá sea al revés, que esa deriva de la sociedad sea imitada por las historias de ficción, lo que desde luego es para echarse a temblar. 

martes, 23 de mayo de 2017

Escapada: De Sos del Rey Católico al Monasterio de Piedra

Estupenda escapada la que hemos hecho mi familia y yo este fin de semana. Primera parada, Sos del Rey Católico, un precioso lugar en la comarca de las Cinco Villas a 120 km al noreste de Zaragoza.

Se trata de un enclave medieval de gran encanto con un casco histórico que fue nombrado Conjunto Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural en 1968.

El pueblo se recorre a pie porque los coches no caben por sus angostas calles y merece la pena hacerlo para saborear cada una de sus callejas, sus murallas, iglesias, la Plaza de la Villa o el Palacio de la Sada, donde nació Fernando el Católico en 1452 después de que su madre, Juana Enríquez, cabalgara 30 km desde Sádaba para el alumbramiento. O al menos eso es lo que dice la leyenda.

En 2016, Sos fue nombrado uno de los pueblos más bonitos de España y, sin duda, lo es. Para sacarle todo el partido puedes hospedarte en el Parador, en la misma entrada del pueblo aunque también tienes establecimientos más económicos donde alojarte.

Una vez disfrutado de la magia de esta bella localidad zaragozana, es visita obligada al Monasterio de San Juan de la Peña, situado en Santa Cruz de la Serós, al suroeste de Jaca y a unos 80 km de Sos.

Un convento construido debajo de una gran mole montañosa que pone los pelos de punta. El Monasterio está bastante derruido pero merece la pena. En temporada baja se puede subir en coche hasta el mismo pie del recinto. En verano hay que dejar el vehículo más arriba y acercarse en un autobús que se ha habilitado para ello.

Se puede ver el Monasterio en poco más de media hora y luego comer en Santa Cruz de la Serós, al pie de la montaña, un pueblecito tan bonito como tranquilo donde se pueden visitar dos vistosas iglesias.

Para completar la jornada nos acercamos a Jaca, a unos 20 minutos del Monasterio, para admirar su impresionante Catedral y donde nos sorprendió el bonito foso de su fortaleza en la que vive un llamativo rebaño de ciervos.

A la vuelta por la N240 hacia Sos, donde ubicamos nuestro cuartel general, nos esperaba un llamativo camino, ribeteado por el río Aragón y el embalse de Yesa, con los Pirineos de fondo. Un enclave de gran belleza que hicieron muy agradables los casi 100 km que nos separaban de nuestro alojamiento.

Una excursión más cercana a Sos es la que te lleva al Castillo de Javier, a poco más de media hora pero ya en Navarra. Antes de llegar, si vas por la A127 puedes pararte a dar un paseo por Sangüesa, una bella localidad a 7 km del Castillo y a 45 km de Pamplona, con reminiscencias romanas y medievales. Y un puente que llamará tu atención.

El Castillo de Javier, cuna de San Francisco Javier, patrón de Navarra, es una fortificación que se erige en una amplia explanada y que está rodeada de vegetación. El castillo consta de tres cuerpos y en el interior se puede ver una interesante exposición de pinturas y murales. Data del siglo XI aunque se fue ampliando durante los siglos posteriores. Un enclave muy atractivo para pasar una bonita mañana o tarde soleada, con lugares donde comer y descansar en el mismo entorno.

El último día de nuestra escapada y ya de regreso a Madrid, por la autovía de Zaragoza, a unos 200 km de Sos hicimos una parada en el Monasterio de Piedra. La verdad que la visita merece la pena pese a que el Monasterio Cisterciense en sí está derruido y saqueado. Ahora es un recinto privado y en el se conserva poca cosa, un claustro llamativo y poco más. Aunque entre sus maltrechas paredes hay un interesante museo del vino, donde se puede conocer los caldos de la zona.
Lo que desde luego no te puedes perder son los impresionantes jardines del Monasterio. Un regalo de la naturaleza que con sus llamativas cascadas, paseos y cuevas conforman un gran espectáculo, y que si no estás en buena forma puede llevarte todo un día verlo.

En sus alrededores hay sitios para dormir y comer, para aquellos que quieran recrearse en el esplendor de este rincón de la naturaleza.

domingo, 7 de mayo de 2017

Escher, bendito surrealismo

La primera vez que descubrí a M.C. Escher fue hace algunos años cuando por casualidad vi un anuncio de Ikea en la que rendía homenaje al genio surrealista holandés con un cartel en el que se mostraba un taburete imposible. Me llamó mucho la atención y empecé a buscar algo más sobre ese genio que basó su obra en las matemáticas y en los experimentos científicos con unos diseños que nunca dejan indiferente.

Ahora he vuelto a descubrir a este ‘loco’ de las escaleras imposibles, de las caras mondadas como una naranja, de los claroscuros repetidos… en la exposición que tiene lugar en el Palacio de Gaviria en Madrid. Más de 200 trabajos de este visionario holandés, obras que no se pueden dejar de mirar, que sorprenden más según se miran.


Ahí está la Mano con la esfera reflectante, un autorretrato imposible y sin embargo muy real, o la Casa de Escaleras, con una estructura que cambia tu forma de ver la realidad. Me encanta Día y noche y sus pájaros que se funden con el paisaje. Cada una de ellas más llamativas. Litografías, grabados, dibujos a tinta, sobre madera… las teselaciones o esos dibujos geométricos llenos de enigmas.


Un abanico de ideas que se plasman frente al espectador de una forma muy particular y que ha abierto nuevas sensaciones en músicos y cineastas, como aquella carátula de Pink Floyd o a la escalera imposible del castillo de Hogwarts en Harry Potter. Hasta los Simpson han homenajeado al incalificable artista holandés.  


Un artista que se inspiró para muchas de sus obras en Andalucía, en los decorados de la Alhambra, y también en el sur de Italia, cuyos paisajes retrata a su modo.  


Me ha gustado mucho y te la aconsejo si aún no la has visto. Aunque date prisa, tienes solo hasta el 25 de junio.   

miércoles, 22 de marzo de 2017

Obituarios canallas

El otro día me cuentan que empieza a ponerse de moda los obituarios 'canallas'. Es decir, las reseñas de alguien que ha muerto resaltando su lado más oscuro en vez de alabar las bonanzas de su vida, como se hacía hasta ahora. Quien me cuenta esto, me dice que lo ha visto en varios medios de Estados Unidos, con personajes públicos o famosos que han muerto recientemente.

Yo me paro a pensar en esto y empiezo a estar cada vez más segura de que este mundo está huyendo de sí mismo. Y lo digo por esto de los obituarios canallas pero también por esas películas en las que lo mejor es que unos se comen a otros o esos libros que han perdido la literatura en favor de historias de crímenes a destajo.

En esta misma línea se encuentran los medios de comunicación, con esa infoxicación diaria que nos muestran sus páginas web con cientos de noticias en portada de las que solo un 10 % tienen algo que contar. El resto, titulares de este corte: '¿por qué tu gato ve la tele cuando tú no estás?', 'Has estado friendo mal los huevos y lo sabes', y tonterías por el estilo que al que tenga un poco de cordura debería hacerle vomitar, en el sentido más figurado de la palabra, claro, porque que hayas estado friendo mal los huevos y lo sepas (que ya es mucho suponer porque no creo que el firmante del artículo sea adivino) sea para vomitar literalmente.

En fin, no voy a descubrir aquí que todo esto es solo un reflejo de la sociedad que vivimos. Esa que va tan deprisa hacia ninguna parte, sin pararse a pensar que hay cosas más importante que ganar dinero. Cosas como la honestidad, el respecto... En fin, 'chorradillas' para algunos, pero que a la gran mayoría podrían hacernos muy felices.

Lo dicho, que lo de los obituarios 'canallas' -una palabra muy de moda que es sinónimo de despreciable y que también se aplica a bares, restaurante y demás como si fuera sinónimo de moderno o super 'cool'- solo es una gota más de esa pérdida de rumbo que llevamos los humanos desde hace ya algunos años.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Redescubrir el arte: Leonid Afremod

Leonid Afremod es un pintor contemporáneo biolorruso de nacionalidad israelí. Nació en 1955 y actualmente vive en Estados Unidos. Sus pinturas son muy llamativas, muy coloristas, con paisajes, flores, ciudades... siempre con colores muy vivos y con una técnica muy personal. Representante del arte moderno es muy conocido por vender sus obras por internet.

Estas son algunas de sus obras.





sábado, 5 de noviembre de 2016

Morir a los 12 años por ingesta de alcohol, ¿qué miedo empieza a dar esta sociedad nuestra?

Leo en los periódicos que no es momento de buscar culpables sino de dar soluciones para que no vuelva a ocurrir. Me refiero a la muerte de la niña de doce años tras un coma etílico. No estoy de acuerdo.

Creo que sí hay que buscar culpables porque hay muchos, por no decir que lo somos todos. Los directos y los indirectos: Los primeros, sin duda son los padres. Tan ocupados estamos que no nos damos cuenta de qué sucede con nuestros hijos (en este caso parece que no era la primera vez que la preadolescente volvía a su casa en estado de embriaguez).

Pero, ¿y el adulto que ayudó a esos niños a comprar el alcohol? y ¿el establecimiento que se saltó la ley? Aquí, también hay que actuar. Y depurar responsabilidades. No es una anécdota.

Sin embargo, la lista de culpables no queda ahí: ¿y esta cultura que ve en beber alcohol una manifestación de madurez y de glamur?, ¿y esta sociedad que sigue fomentando la ingesta de drogas a las que llama legales? Igual, aquí todos tenemos algo que reprocharnos.

Hemos llegado a un bucle muy duro en este asunto. Desde las administraciones se sigue permitiendo el alcohol y el tabaco bajo la disculpa de que alrededor hay muchos puestos de trabajo. Pero eso no es tan cierto como lo pintan. También hay muchos intereses, muchos impuestos que cobrar, mucho dinero que repartirse. No sirven ya las leyes restrictivas –en España no son  tan fuertes como deberían ser-, hay que buscar nuevas fórmulas.

Y la primera de ellas es la concienciación social. Hay que trabajar en los colegios (enseñar a los niños desde temprana edad los peligros del alcohol), pero también hay que dar buen ejemplo en las familias (ese padre o esa madre que se toma el gin-tonic delante de sus hijos menores o esas celebraciones en las que si no hay alcohol parecen descafeinadas no son buenas consejeras).

Hay que implicar a los medios de comunicación y a la industria del entretenimiento (esas películas en la que el protagonista ahoga sus penas en un vaso de alcohol. Estoy harta de verlas y no precisamente en cine de adultos. Esas discotecas que cobran el refresco al mismo precio que la bebida alcohólica).


Los medios son potentes vías para crear tendencias y tienen mucha responsabilidad. Una responsabilidad que no pueden dejar de lado porque a la postre ellos son el espejo donde nos miramos todos y mucho más los niños, inmaduros per se y esponjas muy pero que muy absorbentes.  

lunes, 17 de octubre de 2016

Bodas sin niños, la última moda

Últimamente estoy oyendo muchas cosas sobre la moda de prohibir la entrada de los niños a ciertos lugares.

Ya hace tiempo que en algunos hoteles se limita su alojamiento. Normalmente, se permiten los niños mayores de 12 años pero bajo la estricta mirada de sus padres. También los restaurantes se han sumado a la moda y, la verdad, no me extraña. Yo ya soy de esos que evito entrar en un local donde la presencia de niños sea grande.

Pues bien, lo último ha sido lo de que te inviten a una boda sin niños.

La verdad es que este es un controvertido tema y hay opiniones para todos los gustos.

El origen de esa nueva moda de prohibición tiene que ver con lo mal que se portan algunos pequeños en locales públicos.

Algunos de vosotros podéis criticarme (por favor da vuestra opinión si queréis aquí) y me podéis decir que no se portan mal, que "los niños son niños".
Pero yo me pregunto, ¿dónde está la frontera entre el juego de los niños y el molestar a los demás? ¿Dónde termina su libertad para correr y gritar en los locales públicos? Pues, claro, donde empieza la del resto de personas de pasan o están en el mismo lugar. Obvio.

Desde hace pocos años es muy común ver a los niños correr, gritar, jugar... entre las mesas cuando estás en un restaurante. ¿Eso es ser niño? Pues no, perdonadme, pero creo que en los locales públicos los niños también deben respetar el espacio de los demás. Y los padres deben así exigirlo.

Yo soy madre, y os aseguro que cuando mi hija era pequeña nunca se levantó de la mesa en un restaurante hasta que no lo hacían los adultos. Siempre procurábamos llevar con nosotros algún juego de pinturas y papel para dibujar, algún juguete o cualquier cosa que pudiera entretenerla hasta la hora de marchar. Pero, eso de correr, levantarse mil y una vez para ir la baño, o chillar en público, simplemente, no entraba en nuestro esquemas. No es que yo sea una madre modelo, sencillamente es que antes (hace 15 años, no mucho más) eso era así.

¿Ahora qué pasa?  Desde luego, algo. Porque si no, nunca se hubiera extendido la prohibición en algunos locales de llevar niños. Los pequeños no son perritos que no comprenden y pueden ensuciar el piso, son personas a las que hay que enseñar y educar. No, no, la culpa, desde luego, no es de ellos. ¿Y sus padres? Por favor, que lo piensen un poco más antes de dejarles actuar.

Gracias por leerme.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Tanta tecnología en los coches ¿ayuda o peligro?

Muchas veces tanta tecnología en los coches puede llegar a ser un estorbo. A veces los conductores pueden perderse entre los botones, app y prestaciones de los sistemas de infoentretenimiento y ayudas a la conducción que equipan los modernos automóviles, lo que contrariamente a lo que se pretende puede suponer un problema para la seguridad a bordo.

He escrito un tema sobre esto en bez.es. Por si te interesa te dejo aquí el enlace

martes, 30 de agosto de 2016

La familia se forma para tener un mañana no para terminar olvidado como un trasto viejo

Esta deliciosa y a la vez triste carta que me he encontrado en internet me ha hecho reflexionar. No es que hasta ahora no hubiera pensado en ello, claro que sí. Sin embargo, por mil causas o porque desgraciadamente mis padres murieron jóvenes, nunca me había parado a pensarlo en profundidad.
  
Cuando yo era pequeña mi abuela vivía con nosotros. Era parte de nuestra familia, desde luego, y al tiempo, era la cocinera, la niñera, la que nos regañaba si nos portábamos mal... pero también la que nos contaba muchas historias, muchos chascarrillos, muchas vivencias y la que nos daba muchos, muchos besos y más abrazos.

Para nosotros, mi abuela materna era 'nuestra' y nunca en la vida se nos habría pasado por la cabeza dejarla en sus últimos días en una residencia, por lujosa que esta fuera. Aquello era algo que hacían los desarraigados, los sin escrúpulos, los malos hijos, la gente rara, los desconsiderados... al menos eso era lo que nosotros pensábamos. Mi abuela vivió con nosotros hasta que un día su salud, con 93 años, dijo 'hasta aquí' y se fue muy deprisita, casi de un día para otro. 

Siempre se había valido por sí misma hasta que se cayó y se rompió el hombro, dos veces con dos años de diferencia. A partir de ese momento ya había que ocuparse más de ella, había que ayudarla a bañarse, a vestirse, a salir a la calle... pero nosotros lo hacíamos gustosos, formaba parte de nuestra vida, era nuestra obligación como familia, lo teníamos dentro del alma. Sabíamos que era entonces cuando teníamos que devolverle todo lo que ella nos había dado a lo largo de toda nuestra vida. 
  
Desgraciadamente ese ejemplo que me dieron mis padres con mi abuela no pudimos ponerlo en práctica con ellos mismos, porque los dos murieron antes de que nos diera tiempo a pensar que se hacían mayores.

Ahora, todo es distinto. Más a menudo de lo que nos gustaría aparcamos a nuestros mayores en residencias. Nos engañamos con la excusa de que no podemos atenderles bien, que no podemos estar con ellos. Qué triste es ver a esos ancianitos consumiendo sus días con una caja llena de fotos en el regazo como únicos recuerdos de una vida de lucha para sacar adelante a esas mismas personas que ahora 'no tienen tiempo'.


Seguro que todos nos hemos esforzado mucho para llegar a donde estamos, a ser grandes abogados, empresarios, periodistas, ingenieros... pero lo que no podemos olvidar es que sin ellos, sin que nuestros padres o nuestros abuelos lo hubieran dado todo por nosotros difícilmente lo hubiéramos conseguido. Esto que digo seguro que lo sabe bien todo aquel que es padre o madre, aunque desgraciadamente muchos tienden a olvidarlo.  Como dice la anciana de esta carta a un periódico "la familia se forma para tener un mañana" y no para quedar olvidado como un trasto viejo, esto lo añado yo.  

sábado, 27 de agosto de 2016

Escapada: Vigo y su entorno, maravilla por el paisaje, por la gente, por la gastronomía

En estos primero compases del verano y ante las expectativas -como los últimos años- de pocas vacaciones, me he escapado unos días a Vigo y sus alrededores. La verdad es que la zona es una maravilla, una maravilla por el paisaje, por su gente, por su gastronomía.

La suerte, además, estuvo de nuestra parte porque el tiempo acompañó todo el rato. 'Veintitantos' grados, sol y nubes y ni una gota de lluvia. Una meteorología ideal para subir al Monte Tecla, en A Guarda, y admirar las increíbles vistas de la desembocadura del Miño o los restos de un castro celta que podrían datar de la Edad de Bronce.

Ideal el tiempo, también, para navegar hasta las Islas Cies, todo un paraíso aún sin explotar, en el que se pueden hacer rutas a pie para admirar el paisaje, las playas vírgenes, o las colonias de aves que allí anidan.

Si te apetece visitarlas, unos majestuosos catamaranes te llevan desde Vigo, Cangas o Baiona, en una travesía en la que se puede admirar el gran puerto de Vigo desde fuera y sus impresionantes transatláticos de cruceros fondeados en su inmenso muelle, o donde te puede cruzar con un carguero de miles y miles de toneladas que levanta grandes olas a su paso. Otro espectáculo, de verdad, que merece la pena.

Pero sigamos, por nuestro recorrido por este rincón gallego. A la hora de comer, cualquier sitio es bueno, de la playa de Oia a la de Las Américas. La primera cerrada, recogida, con una vieja iglesia que a punto estuvo en convertirse en hotel de cinco estrellas; o en la segunda, abierta, grande, imponente. Con una arena tan blanca como la nieve. Pero hay muchas más. Si te gusta el agua fría, esta es tu zona, entre 16 y 18 grados en estos días.

En ambas playas y en cualquier rincón de la región, mucho marisquito del mejor: pulpo tierno, jugoso; zamburiñas deliciosas; mejillones suaves, percebes, cigalas... todo el repertorio de las mejores rías gallegas a un precio que encandilan al viajero. O, si lo prefieres, los mejores chuletones, vinito de Ribeiro... Variedad culinaria para todos los gustos.

La excursión ha merecido la pena para volver a admirar el majestuoso Parador de Baiona, una fortaleza medieval que se erige en lo alto de la población y que domina todo el entorno. Hay que pasear por lo alto de su muralla y contemplar las vistas impresionantes del Atlántico más auténtico.

En esta escapada, o cualquiera que hagas por Galicia hay que reservar un momento al anochecer para contemplar la puesta de sol. Un increíble espectáculo que solo se puede ver en este lado de nuestra geografía. Una fiesta para los sentidos con el día claro pero también entre nubes cuando estas se tiñen junto al mar del rojo y anaranjado más intenso.

Y como guinda de oro, vale la pena escaparse a Valença do Minho, en Portugal, al famoso mercadillo, con más de 350 puestos y que ya no solo es de toallas y manteles, sino también de ropa, artesanía y complementos. Un mundo de oferta y buenos precios que se puede visitar solo los miércoles. Previamente, en Valença hay que pasarse por la Fortaleza, en lo alto de la ciudad, un recinto amurallado de cinco kilómetros muy vistoso y llamativo. Valença do Minho está prácticamente pegada a la localidad gallega de Tui.

En definitiva, una escapada apetecible para cualquier época del año.

viernes, 26 de agosto de 2016

Burkini o bikini, vivamos -y bañémonos- en paz

En este debate que se ha abierto sobre el burkini hay algo que se ha olvidado, o al menos yo no he visto que se hable mucho sobre ello: ¿Las mujeres que lo llevan se lo ponen porque quieren o porque las obligan?

Antes de ponernos a prohibir o a alabar vamos a estudiar por qué visten así estas mujeres. Si lo hacen de verdad porque quieren hacerlo, no hay más que hablar. Pero... si es por obligación, igual hay que luchar porque también puedan elegir. Seguramente se dan las dos circunstancias.

Aparte de que no sé si visten así porque quieren, a mí lo único que me preocupa de la vestimenta de las mujeres árabes es que no se les vea la cara. El otro día me crucé en el baño de un Corte Inglés de Madrid con una mujer vestida con un burka, era de tono marrón y parecía de una tela un tanto basta. Esta es la primera vez que he visto a alguien con este tipo de ropa en España y, confieso, me chocó mucho.

Uno de mis primeros pensamientos al verla fue que cuánto calor debería estar pasando esa mujer. Pero confieso que mis prejuicios, o mi instinto de supervivencia, me hicieron desconfiar. Me fui. En la puerta del baño había un hombre, podría ser su marido, vestido con un pantalón común y una camiseta corriente. El siguiente pensamiento que tuve hacia ella fue preguntarme si esa mujer se vestía así porque quería o porque la obligaban.

Yo reconozco que me gusta ver la cara de las personas con las que me cruzo. Y también comprendo que en cuestión de seguridad cierta indumentaria puede resultar cuanto menos inquietante.

Pero, no debería tener tanta importancia que alguien se bañe con la ropa que quiera, vestidos o desnudos, con bikini o bermudas... siempre que respetemos el entorno y a los demás.

Por eso creo que estamos dando demasiada importancia a este tema. Me parece que prohibir el burkini es una barbaridad, no veo en qué puede ofenden ver en la playa bañándose a una mujer completamente vestida, como tampoco me ofende ver los minúsculos bikinis de otras. Vivamos -y bañémonos- en paz.

viernes, 15 de julio de 2016

La muerte de un torero, las pocas miras de algunos y el postureo

Toca aquí hablar de toros. Bueno en realidad no de toros, sino de la muerte de  un torero y de aquellos que se mofan de ella. A mí, sinceramente no me gustan las corridas, no me gusta el Toro de la Vega, no me gustan los Sanfermines... Son una parte de nuestra cultura que no entiendo, pero desde luego, de ahí a alegrarme de la muerte de un torero... Ante todo es un ser humano. Pienso en él, en su familia. Y me parece una gran tragedia.

En estas personas que alaban la muerte del torero, yo veo dos cosas: odio y falta de perspectiva. Eso por no hablar del postureo, que ya he contado en alguna ocasión que es una tendencia que alimenta, desgraciadamente, nuestras vidas demasiado.

Hay muchas formas de luchar contra las corridas de toros y el maltrato animal, pero hay que hacerlo con cabeza, con argumentos... o, incluso, con cualquier arma civilizada de las que disponemos. Pero, alegrarse de la muerte de un torero, eso solo demuestra lo ruin, contradictorio y poco inteligente que es el que lo hace.

Ruin, por no respetar la vida y la muerte de una persona, contradictorio porque no le gustan las corridas porque matan al toro pero se alegra de que muera el torero, y poco inteligente porque con su bravuconada en la red (o donde sea) mofándose de la muerte de un torero ha demostrado su bajeza y su poca amplitud de mente.

Es como si un vegano se alegrase de la muerte de un trabajador de matadero o de un pescador.

lunes, 20 de junio de 2016

Gente tóxica ¡qué pesadilla!

Llevo varios días viendo en medios de comunicación una serie de reportaje sobre gente tóxica, gente que te amarga la vida y que no te deja ser feliz con sus comentarios, sus mentiras, su palabrería... Pues bien, aquí va mi lista particular de gente con la que no quiero encontrarme, ni gastar un minuto de mi vida. Conozco alguno que pertenece a más de un grupo.

- El CRITICÓN: Esa persona que se pasa el día criticando a diestro y siniestro. A todos les ‘corta un traje’. Puede ser un compañero de trabajo que malmete contra el resto, un amigo/a que siempre te llama para poner verde a alguien, tu hermano/a que critica sistemáticamente al resto de la familia... Lo mejor es cortar por lo sano y no dejar que te llene el gorro de pipas.

-EL QUE SE PASA EL DÍA CONTANDO ENFERMEDADES: Aquel que solo te llama para contarte que a fulanito le han operado de ‘nosequé’, que a menganito le ha salido un bulto ‘nosedonde’, que zutanito tiene muy mala cara… ¡Fuera! Ya tenemos bastante con lo nuestro y lo de nuestros allegados. Nada de oír penurias narradas por otros que nos amargan la existencia.

-EL PESIMISTA: Ese que todo lo ve negro. Si llueve porque llueve, si hace calor porque hace calor. El que nunca consigue ver el arco iris. Este es un espécimen que, no obstante, le encanta retozar en su propia desgracia y quiere compartirla con los demás.

-EL ABURRIDO: Que te llama o quiere quedar contigo porque no tiene otra cosa que hacer. Te persigue en redes sociales, whatsaap, por email, o se hace el encontradizo en la oficina para contarte tal o cual cosa que a ti ni te interesa. No es que esté muy interesado en ti, sino que está tan aburrido que tiene que llenar su agenda como sea.

-EL MENTIROSO: La mayoría de las veces engaña porque sí, para dárselas de listo, bueno, divertido… Es el típico exponente de la teoría del Parchís: “come una y cuenta veinte”.

-EL PRESUNTUOSO: Te cuenta lo bien que hace todo, lo listos que son sus hijos, la cantidad de palmaditas que todos los días le da su jefe, lo estupendamente que se lo ha pasado en las vacaciones, lo mucho que corre su nuevo coche… Y por supuesto, se cree mucho mejor que tú en todo. Ya sabes, el que tiene el ego más grande que el culo.

-EL CHARLATÁN: Ese que cuando está contigo no te deja ni hablar, que te cuenta su vida una y otra vez y que cuando intentas meter baza te corta diciendo aquello de ‘pues sí, a mi primo le pasó lo mismo y bla, bla, bla’, sin dejar que tú termines. Alguien que no valora los silencios y cree que si no hablas es que te estás aburriendo.

martes, 3 de mayo de 2016

Cinco razones por las que no compro en Zara, Mango... y demás

Estas son mis cinco razones por las que no compro en tiendas como Zara, Mango, H&M... y alguna otra.
- Porque ofrecen mala calidad en su confección y en las telas y materiales utilizados.
- Porque tienen la ropa desordenada, tirada por el suelo y sucia.
- Porque algunos de sus dependientes te miran por encima del hombro y demuestran su malestar cuando les pides que te ayuden a encontrar un producto.
- Porque la relación calidad-precio es pésima.
- Y sobre todo porque cada día oigo más cosas -y las creo (cuando el río suena)- sobre cómo confeccionan su productos en países del Tercer Mundo.

sábado, 19 de marzo de 2016

¿A qué edad deberíamos dejar de conducir?

¿A qué edad deberíamos dejar de conducir? Esa es la pregunta con la que últimamente asalto a mis familiares, amigos, vecinos... en un intento de conocer lo que opina la gente de la calle sobre el tema. (A falta de una metroscopia o similar que la pueda hacer).

La encuesta se me ocurrió a raíz del atropello por parte de un octogenario de un grupo de ciclistas a mitad de marzo en Pontevedra. Aunque bien es verdad que es un tema que vengo meditando desde hace tiempo sobre todo desde que hay tantos abuelos que se hacen cargo de los nietos y los traen y llevan en coche de aquí para allá mientras sus padres están en el trabajo.

Bueno, pues ya sé que preguntar a una treintena de personas no debe ser muy concluyente pero el resultado me ha sorprendido.

La mitad de los que pregunté piensa que no es la edad sino el estado de salud lo que debe delimitar la posibilidad de ponerse al volante. Y la otra mitad, lo ven muy claro y alegan que según se cumplen años se pierden reflejos, la vista y el oído son peores, se toman demasiadas medicinas...

Si separo las opiniones por edades, los resultados no han variado mucho. El 48 % de los encuestados jóvenes me dijeron que ellos veían a sus padres o abuelos muy ágiles al volante y que tampoco se encontraban con muchos conductores mayores que pusieran en peligro el tráfico.

Por el contrario, el 52 % de los encuestados jóvenes sí consideraban a los conductores mayores un peligro porque conducían muy despacio y entorpecían la circulación. 

Entre los conductores mayores, solo el 20 % confesaba que ya no conducía porque se vía inseguro, mientras que el otro 80% aseguraba que se sentía en plenas facultades para ponerse al volante y que sí, que iban más despacio pero que también tenían mucha experiencia.

A la pregunta de que qué era más peligroso, un conductor mayor lento o un conductor joven demasiado rápido, cada uno 'barrió para dentro' y solo unos pocos aseguraron que eran peligrosos 'por igual'.

He escrito un artículo sobre este tema de los conductores mayores y la conducción en bez.es y si te interesa puedes leerlo aquí: Envejecimiento y conducción, un debate que hay que afrontar

Y si quieres opinar, pues aquí puedes hacerlo. Te doy las gracias de antemano.

jueves, 14 de enero de 2016

Todo un trabajo encontrar trabajo

En estos difíciles tiempos que corren lo de encontrar trabajo exige tal creatividad que hay que hacer un máster para alcanzarla porque ya con las viejas fórmulas nadie se come un saci.

Ahora ni experiencia, ni buen currículum, ni siquiera 'enchufe' abren puertas. Ahora, hay que demostrar mucho más.

Pero ¿el qué?
Para empezar, hay que buscar debajo de las piedras. Es decir, patear en el sentido más online de la palabra todo tipo de empresas, pero también ir físicamente a ellas. Dejar el currículum en plataformas de búsqueda de empleo pero también publicitarse uno mismo en redes sociales. Hay que hablar con todo tipo de conocidos, vecinos, familiares... Nunca se sabe dónde puede haber un hueco.

Hacer el currículum es también todo un arte que debe llevar un tiempo. Un folio como mucho y un vídeo contando nuestro mejores argumentos. Hay que ser conciso pero contar cosas, nada de dar rodeos, ni mentir. Si decimos que sabemos inglés, pues deberíamos hablar en inglés, por ejemplo.

Hay que tener en cuenta que un empleador no gastará más de 10 segundos en ver el currículum con lo cual hay que personalizarlo según sea la oferta de trabajo y la empresa a la que vaya dirigido.

En fin, todo un trabajo encontrar trabajo. Si te interesa este tema, profundizo un poco más sobre él en bez.es en esta artículo: Los cuatro millones de parados hacen que la creatividad sea esencial para encontrar trabajo.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

El lado oscuro del 'ángel de la guarda'

Hoy quiero hablaros del lado oscuro del sistema de llamada de emergencia en los nuevos automóviles -popularmente llamado ya ángel de la guarda-. Ya sabéis, me refiero a esa tecnología que avisa automáticamente al 112 si has tenido un accidente para que gestione la ayuda necesaria.
Seguramente habréis visto el anuncio de Opel en TV, ese en el que el coche se choca contra un árbol y cuando los pasajeros escuchan la voz anunciando que llega la ayuda la celebran como de 'ángel de la guarda'. (En esta dirección de youtube lo podéis recordar).

Pues bien yo quería contaros qué ese sistema que nos puede salvar la vida también tiene su lado oscuro porque dicha tecnología está provista de una tarjeta SIM, que es propiedad de la marca de tu coche, y que envía miles de datos a 'no se sabe bien donde' y por consiguiente tampoco está muy claro qué se hace con ellos. Esos datos saben dónde está el vehículo en cada momento, a qué velocidad circula, cuántos pasajeros van a bordo, si hay algún problema mecánico...

Este sistema ya se implementa en muchísimos automóviles nuevos y en unos meses será obligatorio en todos. Y desde luego es una tecnología que puede salvarnos las vida, pero... ¿qué pasa con nuestro derecho a la intimidad durante los demás días? ¿Qué se hacen con todos nuestros datos recopilados? La respuesta es cuanto menos inquietante.

¿CONTROLADOS?, LA REALIDAD SUPERA LA FICCIÓN
Buscando información sobre esto, me topé con otro tema que según iba adentrándome en la historia se me iban poniendo los pelos de punta porque esto que te cuento del coche es 'pecata minuta' comparado con lo que hacen y pueden hacer los gobiernos, democráticos o no, con la tecnología que nos vigila. Escribí el reportaje para bez.es y si quieres echar un vistazo, lo tienes aquí. Se titula: ¿Controlados?, la realidad supera la ficción. Con este título ya te puedes imaginar.

sábado, 5 de diciembre de 2015

¿De verdad no nos gusta la Navidad?

Ya en los primeros días de diciembre empiezo a oír la misma cantinela cuando se alude a las fiestas de Navidad. “A ver si pasan pronto”, “no me apetece nada”, “me aburren”, “me ponen triste”...

A mí se me ocurren algunas razones por las que pueden no gustarnos las fiestas de Navidad. Para empezar, la más obvia, porque recordamos a nuestros seres queridos que ya no están y con quienes no podemos celebrarlas. Esto hay que analizarlo bien, porque nuestros seres queridos que ya se han ido, han faltado de nuestras celebraciones y de nuestro día a día durante todos los días del año, pero nunca he oído a nadie decir: “no me gusta el mes de agosto porque me acuerdo de los veraneos con mis abuelos”, por ejemplo.  O, “no me gusta ir de boda porque recuerdo a mis padres en la mía”. Os invito a reflexionar sobre estos ejemplos.

Hay otra cuestión en el aire que además está muy ligada al componente religioso de estas fiestas y que, creyente o no, lo sentimos dentro: ¿Y si no nos gusta la Navidad porque se nos agita la conciencia? Es decir, que nos damos cuenta de que ha pasado ya un año desde que nos propusimos dejar de fumar, ir al gimnasio, adelgazar cuatro kilos, aprender inglés… o, simplemente, ser mejores personas, y no lo hemos cumplido. ¿Y si es por eso por lo que nos ponemos tristes?

También se me ocurre que no nos gustan estas fiestas porque parece que se nos invita a ser mejores y eso a veces rasca el alma, porque en estos días tenemos que ir a ver a esa tía anciana que está en una residencia, que no hemos visitado en todo el año y ahora tampoco nos apetece pero parece obligado, o porque por todas partes nos piden caridad y generosidad para los menos afortunados. O porque recordamos que nuestra vena solidaria está más muerta que viva y nos excusamos en que la crisis nos tiene sin blanca… Sí, esos son otros motivos por los que no nos debe gustar la Navidad.

Claro, que también, y después de esta reflexión pienso que lo mismo eso de decir que no nos gusta la Navidad es todo un postureo, una pose que queda bien. Porque, de momento, no he visto a nadie que renuncie a los días de fiesta, a los regalos, a las comilonas, beberías y demás celebraciones que conllevan estas fechas.  


En fin, que como siempre, terminamos el años despotricando pero, eso sí, con una buena copa de champán y algún que otro langostino o trocito de turrón que llevarnos a la boca

----- Este post lo escribí en la Navidad de 2013 pero ahora me apetece recuperarlo, creo que sigue estando muy vigente. ¿A ti que te parece? Dame tu opinión, por favor.