Un blog para entretener, en el que mato mi adicción a la escritura. Aprovecho y te doy ideas para viajar, para leer, para contemplar... Con apuntes para soñar. También te cuento mis opiniones algo críticas sobre la vida. Escríbeme, me encantará.
lunes, 26 de julio de 2021
Edvard Munch, mucho más que El Grito
La primera vez que vi una exposición de Edvard Munch fue en el Museo Thyssen de Madrid. Me encantó. Después de aquello y con ocasión de algunos de mis viajes a Oslo -ya contaré en otro momento por qué voy tanto a la capital noruega- pude recrearme en el Museo Munch, una grandiosa exposición permanente en un emblemático edificio que preside el fiordo más famoso de esa capital junto con la icónica Opera de Oslo.
martes, 22 de junio de 2021
Escher, bendito surrealismo
La primera vez que descubrí a M.C. Escher fue hace
algunos años cuando por casualidad vi un anuncio de Ikea en la que rendía
homenaje al genio surrealista holandés con un cartel en el que se mostraba un taburete
imposible. Me llamó mucho la atención y empecé a buscar algo más sobre ese
genio que basó su obra en las matemáticas y en los experimentos científicos con
unos diseños que nunca dejan indiferente.
miércoles, 3 de marzo de 2021
Almóndiga, toballa, asín, mostro, otubre… La RAE debería hacérselo mirar
Me he divertido mucho escribiendo un reportaje para yellowbreak.com sobre ciertas palabras que son perfectamente correctas según el Diccionario de la RAE pero que a mí me suenan muy paletas. Así, por ejemplo tenemos: almóndiga, toballa, asín, otubre… palabras que vienen en el Diccionario y que a mí me han dejado estupefacta aunque no soy la única. La verdad es que me he reído haciendo el reportaje pero a la vez me he indignado un poco, lo confieso, porque ¡¡¡vaya forma de maltratar el castellano!!!
jueves, 25 de febrero de 2021
¿Pagarías por estar en una red social? Piénsalo bien antes de contestar
En uno de los debates de mi Curso de Community Manager estuvimos hablando de la posibilidad de que las
redes sociales empiecen a cobrar por tenernos a todos ahí metiditos
contándonos nuestras cuitas. En realidad, ya YouTube y Facebook hacen sus
pinitos en lo que al cobro se refiere.
Algunos de mis compañero del debate esgrimen que no pueden cobrar porque ya, con quedarse con nuestros datos, están de sobra pagados, pero otros son fervientes defensores de que poco a poco irán cobrándonos por el alquiler de nuestra página.
Yo digo que al principio será poco dinero, para no asustar, pero...
Algunos de mis compañero del debate esgrimen que no pueden cobrar porque ya, con quedarse con nuestros datos, están de sobra pagados, pero otros son fervientes defensores de que poco a poco irán cobrándonos por el alquiler de nuestra página.
Yo digo que al principio será poco dinero, para no asustar, pero...
viernes, 15 de enero de 2021
¿Qué hijos vamos a dejar en este mundo?
Una
pregunta muy recurrente y que se oye mucho en estos tiempos de crisis es esa de:
“¿qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos?“. A mí me gusta hacer una reflexión
cada vez que la oigo y siempre llego a la misma conclusión: no será más acertado
darle la vuelta y meditar sobre: “¿qué hijos vamos a dejar en este mundo?“.
miércoles, 4 de noviembre de 2020
Tabletas y smartphones... vuelve el hombre orquesta
El ser humano está desarrollando una gran capacidad para hacer varias cosas a la vez gracias a las nuevas herramientas que nos pone en las manos la comunicación. Hay que ver como somos capaces de twittear con nuestro smartphone al tiempo que comentamos en la red social de turno lo que estamos viendo en la tele o lo que acabamos de leer en el periódico del iPad.
Que alguien se vaya planteando que lo de prestar atención a un solo tema, desde luego, ya se ha acabado. Es que éramos de un aburrido.
miércoles, 7 de octubre de 2020
Nuestra democracia tiene que pasar por el quirófano
Nuestra democracia tiene que pasar por el quirófano. Y no para hacerse un lifting sino para operarse de un grave tumor, el cáncer que se llama ‘tú me votas y yo hago lo que quiero’ y que, por desgracia, es bastante frecuente. Por suerte, nuestra democracia ya es mayor de edad y muy madura y le podemos decir toda la verdad: que está gravemente enferma pero que hay esperanza.
martes, 22 de septiembre de 2020
Hombres al volante, gruñidos constantes
Cuando digo que los hombres al volante se transforman, la mayoría de la gente me mira con escepticismo, mientras piensan que lo mío es la misandria. Pero no, me explico:
lunes, 20 de julio de 2020
El Principio de Peter
Alguien me ha enviado esto por internet que no puede ser más exacto. En principio parece otra historia más para meterse con los jefes pero en realidad está bastante fundamentado. Copio aquí el artículo que se puede encontrar en wikipedia sobre este tema.
El principio de Peter dice que en una empresa, entidad u organización las personas que realizan bien su trabajo son promocionadas a puestos de mayor responsabilidad una y otra vez, hasta que alcanzan su nivel de incompetencia.
Este principio, formulado por Laurence J. Peter en su libro The Peter Principle, de 1969, ha sido comprobado infinidad de veces. Consecuencia de lo que el principio manifiesta, muchos puestos de alta dirección son ocupados por profesionales que no tienen la suficiente cualificación para su trabajo, lo cual conduce a graves errores en las decisiones que toman las personas responsables en muchas organizaciones.
Existe una lógica en este proceso, ya que los responsables de seleccionar una persona para un nuevo puesto se fijan en primer lugar en la propia organización. Si un empleado existente cumple bien su actual cometido, dichos responsables de la selección deducen equivocadamente que será igualmente eficaz en el nuevo puesto.
El principio de Peter es, pues, una advertencia a tener muy en cuenta en un proceso de selección. Deben definirse con claridad las funciones del puesto a cubrir y, de acuerdo con éstas, las aptitudes y actitudes necesarias por parte de la persona que lo ocupará. Al analizar la idoneidad de empleados ya existentes en la organización, se examinarán estas personas como candidatos al nuevo puesto, prescindiendo totalmente de la eficacia con la que desarrollan su actual función.
El principio de Peter es una crítica implícita de las estructuras muy jerarquizadas. En una empresa donde la cadena de mando es muy larga, es decir donde hay numerosos escalones, y donde hay una única cumbre que alcanzar, este principio hará estragos. Por el contrario, en una empresa o sociedad donde no hay muchas cumbres posibles, donde los escalones son escasos, este principio no entrará en juego.
El primero en hacer referencia a este concepto fue José Ortega y Gasset en la década de 1910: "Todos los empleados públicos deberían descender a su grado inmediato inferior, porque han sido ascendidos hasta volverse incompetentes".
Así, Lawrence J. Peter deduce los siguiente:
El principio de Peter dice que en una empresa, entidad u organización las personas que realizan bien su trabajo son promocionadas a puestos de mayor responsabilidad una y otra vez, hasta que alcanzan su nivel de incompetencia.
Este principio, formulado por Laurence J. Peter en su libro The Peter Principle, de 1969, ha sido comprobado infinidad de veces. Consecuencia de lo que el principio manifiesta, muchos puestos de alta dirección son ocupados por profesionales que no tienen la suficiente cualificación para su trabajo, lo cual conduce a graves errores en las decisiones que toman las personas responsables en muchas organizaciones.
Existe una lógica en este proceso, ya que los responsables de seleccionar una persona para un nuevo puesto se fijan en primer lugar en la propia organización. Si un empleado existente cumple bien su actual cometido, dichos responsables de la selección deducen equivocadamente que será igualmente eficaz en el nuevo puesto.
El principio de Peter es, pues, una advertencia a tener muy en cuenta en un proceso de selección. Deben definirse con claridad las funciones del puesto a cubrir y, de acuerdo con éstas, las aptitudes y actitudes necesarias por parte de la persona que lo ocupará. Al analizar la idoneidad de empleados ya existentes en la organización, se examinarán estas personas como candidatos al nuevo puesto, prescindiendo totalmente de la eficacia con la que desarrollan su actual función.
El principio de Peter es una crítica implícita de las estructuras muy jerarquizadas. En una empresa donde la cadena de mando es muy larga, es decir donde hay numerosos escalones, y donde hay una única cumbre que alcanzar, este principio hará estragos. Por el contrario, en una empresa o sociedad donde no hay muchas cumbres posibles, donde los escalones son escasos, este principio no entrará en juego.
El primero en hacer referencia a este concepto fue José Ortega y Gasset en la década de 1910: "Todos los empleados públicos deberían descender a su grado inmediato inferior, porque han sido ascendidos hasta volverse incompetentes".
Así, Lawrence J. Peter deduce los siguiente:
- Con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones.
- El trabajo es realizado por aquellos empleados que no han alcanzado todavía su nivel de incompetencia.
jueves, 10 de octubre de 2019
No vacunar a los hijos, irresponsabilidad e insolidaridad de unos padres muy snobs
El caso del niño de Olot con difteria abre un debate en el que el sentido común tiene mucho que decir.
Para empezar: ¿Por qué unos padres pueden tomar la decisión de no vacunar a sus hijos? ¿Por un convencimiento verdadero en la naturaleza humana, en la medicina alternativa, en los fármacos 'para después'? O, simple y desgraciadamente ¿es una moda, un postureo?
Con la salud no se juega y vacunar a los hijos debería ser obligatorio, primero por el menor, que no puede decidir, y segundo por su entorno, es que los padres cuando no vacunan no piensan en sus compañeros de colegio, en sus familiares, en sus vecinos... Es una irresponsabilidad no vacunar a los hijos, pero también es de personas insolidarias que no piensan en los demás.
No hay demostración de que las vacunas sean perjudiciales para las personas y sí que no vacunar puede ser muy fatal para quien coge una de estas enfermedades 'erradicadas' y su entorno. ¿Y entonces qué?
Pues, como ha pasado ahora, no hay fármacos para tratarla. Igual, esos padres piensan que "afortunadamente, hay países del segundo mundo en los que sí se encontrará la medicación adecuada", como ha pasado en esta ocasión. ¡Qué triste!
Lo dicho, irresponsabilidad, pura y dura, de unos padres poco informados y muy snobs.
Para empezar: ¿Por qué unos padres pueden tomar la decisión de no vacunar a sus hijos? ¿Por un convencimiento verdadero en la naturaleza humana, en la medicina alternativa, en los fármacos 'para después'? O, simple y desgraciadamente ¿es una moda, un postureo?
Con la salud no se juega y vacunar a los hijos debería ser obligatorio, primero por el menor, que no puede decidir, y segundo por su entorno, es que los padres cuando no vacunan no piensan en sus compañeros de colegio, en sus familiares, en sus vecinos... Es una irresponsabilidad no vacunar a los hijos, pero también es de personas insolidarias que no piensan en los demás.
No hay demostración de que las vacunas sean perjudiciales para las personas y sí que no vacunar puede ser muy fatal para quien coge una de estas enfermedades 'erradicadas' y su entorno. ¿Y entonces qué?
Pues, como ha pasado ahora, no hay fármacos para tratarla. Igual, esos padres piensan que "afortunadamente, hay países del segundo mundo en los que sí se encontrará la medicación adecuada", como ha pasado en esta ocasión. ¡Qué triste!
Lo dicho, irresponsabilidad, pura y dura, de unos padres poco informados y muy snobs.
martes, 6 de marzo de 2018
El alfabeto emocional
Este es un viejo post que curiosamente cumple hoy cinco años y por eso me apetece volverlo a sacar a la palestra. A ver qué te parece:
El Dr. Hitzig, autor del libro ‘Cincuenta
y tantos’ ha desarrollado un alfabeto emocional que explica por qué unas personas envejecen mejor que otras.
Las conductas que comienzan por R son las peores, mientras que las que lo hace por S son las que nos alargan la vida. Si te quieres sorprender sigue leyendo.
Las conductas con R:
Resentimiento, rabia, reproche, rencor, rechazo, resistencia, represión… son
generadoras de coRtisol, una potente hormona del estrés, cuya presencia
prolongada en sangre es letal para las células arteriales ya que aumenta el
riesgo de adquirir enfermedades cardio-cerebro-vasculares.
Las conductas R generan actitudes
D: Depresión, desánimo, desesperación, desolación.
En cambio, las conductas con S:
Serenidad, silencio, sabiduría, sabor, sexo, sueño, sonrisa, sociabilidad,
sedación… son motorizadoras de Serotonina, una hormona generadora de
tranquilidad que mejora la calidad de vida, aleja la enfermedad y retarda la velocidad
del envejecimiento celular.
Las conductas S generan actitudes
A: Animo, aprecio, amor, amistad, acercamiento. Fíjate que así nos enteramos de que lo que siempre se llamó ‘hacerse mala sangre’ no es más que un exceso de cortisol y una falta de serotonina en la sangre.
Algunas reflexiones más del Dr. Hitzig:
Presta atención a tus PENSAMIENTOS pues se harán PALABRAS.
Presta atención a tus PALABRAS pues se harán ACTITUDES.
Presta atención a tus ACTITUDES porque se harán CONDUCTAS.
Presta atención a tus CONDUCTAS porque se harán CARACTER.
Presta atención a tu CARACTER porque se hará BIOLOGIA.
Hace muchos años el poeta Rabindranath Tagore decía: "Si tiene remedio, ¿de qué te quejas? Y si no tiene remedio, ¿de qué te quejas?" Podría servirnos para aprender a dejar las quejas y los pensamientos negativos de lado y buscar en cada situación el aspecto positivo ya que hasta la peor de ellas lo tiene.
De esa forma nos inundaría la serotonina con todas sus eses, la sonrisa se nos grabaría en las mejillas y todo ello nos ayudaría a vivir mucho mejor ese montón de años que la ciencia nos ha agregado. Porque, olvidaba escribirlo, el Dr. Hitzig ha comprobado con sus investigaciones que quienes envejecen bien son las personas ACTIVAS, SOCIABLES Y SONRIENTES. No las rezongonas, malhumoradas y avinagradas (que nadie quiere tener cerca).
Todo es cuestión de actitud
"Un amigo, viene a tiempo; los demás, cuando tienen tiempo".
jueves, 1 de febrero de 2018
Los nuevos bestseller o como todo vale para enganchar al lector
En los últimos tiempos el mundo del bestseller está dando un giro hacia el 'todo vale para conseguir enganchar al lector', una tendencia tan absurda como cínica que falta al respeto a los amantes de la buena literatura.
Me refiero a ese elenco de nuevos autores (por supuesto, no todos) que cuentan su historia, casi siempre policíaca, como si se la narraran a un amigo deprisa y corriendo en una cafetería, y sin una pizca de buena literatura. Es decir, que ahora lo importante es mezclar asesinos, policías, secuestros, misterios, forenses, mentiras, amores prohibidos, secretos inconfesables... y llevarlo al último extremo pero sin perder un minuto en recrearse lo más mínimo en mimar el lenguaje, en sacarle la esencia a la última de las palabras, en enriquecer la historia con descripciones...
Quiero decir que no sería malo mezclar todos estos ingredientes si además de un buen desenlace hubiera en las páginas de estos últimos éxitos de ventas algo de literatura. Un poco de virtuosismo con la pluma o con el ordenador, vamos.
Que a mí me encanta la novela negra, las grandes historias de detectives... pero no a cualquier precio. Que también quiero que el escritor me de todo de sí, que se vacíe narrando esa historia que ha fabricado en su mente privilegiada. Que para contar una historia de cafetería valemos cualquiera.
Me refiero a ese elenco de nuevos autores (por supuesto, no todos) que cuentan su historia, casi siempre policíaca, como si se la narraran a un amigo deprisa y corriendo en una cafetería, y sin una pizca de buena literatura. Es decir, que ahora lo importante es mezclar asesinos, policías, secuestros, misterios, forenses, mentiras, amores prohibidos, secretos inconfesables... y llevarlo al último extremo pero sin perder un minuto en recrearse lo más mínimo en mimar el lenguaje, en sacarle la esencia a la última de las palabras, en enriquecer la historia con descripciones...
Quiero decir que no sería malo mezclar todos estos ingredientes si además de un buen desenlace hubiera en las páginas de estos últimos éxitos de ventas algo de literatura. Un poco de virtuosismo con la pluma o con el ordenador, vamos.
Que a mí me encanta la novela negra, las grandes historias de detectives... pero no a cualquier precio. Que también quiero que el escritor me de todo de sí, que se vacíe narrando esa historia que ha fabricado en su mente privilegiada. Que para contar una historia de cafetería valemos cualquiera.
miércoles, 3 de enero de 2018
Que asco dan algunas tiendas en rebajas. Y no, no hablo de precios
Lo de las rebajas es un asquete, la verdad. No lo digo por los precios, que también. Porque rebajas, rebajas... hay pocas ya que de un tiempo a esta parte los precios han caído bastante pero desde luego también la calidad.
Pero no es este el objeto de este artículo. Lo que quiero denunciar aquí, es el asquito que dan las tiendas, bueno, algunas, cuando es temporada de rebajas.
Yo no sé si es que no se dan cuenta en los establecimientos o es que les da igual, pero eso de tener toda la ropa por el suelo, pisoteada, sucia, desordenada... no invita nada a comprar. Puede que como no hay personal bastante o como los sueldos de los empleados serán de risa, pues no se ponga el debido interés para que todo esté en orden para el cliente.
Pero también pienso en los clientes. ¿Quién entra a comprar en una tienda que tiene muchos de sus artículos tirados en el suelo? Pues la verdad es que hay mucha gente que lo hace. Y yo me pregunto ¿y no les importará que haya rodado por el suelo de la tienda la ropa que se llevan a casa? Igual, si está a buen precio prefieren lavarla antes de estrenarla. No sé. Sinceramente, no lo entiendo.
Y otra cuestión, ¿Por qué está tirada en el suelo? Por un lado, quizá por lo que apuntábamos un par de párrafos más arriba, porque hay poco personal para colocar las cosas. Pero también, porque los clientes, al menos algunos, no respetan el orden, por decirlo lo más finamente posible que se me ocurre. Igual es que también lo tienen así en casa.
En fin, que las rebajas son un asco en el sentido más estricto de la palabra.
Pero no es este el objeto de este artículo. Lo que quiero denunciar aquí, es el asquito que dan las tiendas, bueno, algunas, cuando es temporada de rebajas.
Yo no sé si es que no se dan cuenta en los establecimientos o es que les da igual, pero eso de tener toda la ropa por el suelo, pisoteada, sucia, desordenada... no invita nada a comprar. Puede que como no hay personal bastante o como los sueldos de los empleados serán de risa, pues no se ponga el debido interés para que todo esté en orden para el cliente.
Pero también pienso en los clientes. ¿Quién entra a comprar en una tienda que tiene muchos de sus artículos tirados en el suelo? Pues la verdad es que hay mucha gente que lo hace. Y yo me pregunto ¿y no les importará que haya rodado por el suelo de la tienda la ropa que se llevan a casa? Igual, si está a buen precio prefieren lavarla antes de estrenarla. No sé. Sinceramente, no lo entiendo.
Y otra cuestión, ¿Por qué está tirada en el suelo? Por un lado, quizá por lo que apuntábamos un par de párrafos más arriba, porque hay poco personal para colocar las cosas. Pero también, porque los clientes, al menos algunos, no respetan el orden, por decirlo lo más finamente posible que se me ocurre. Igual es que también lo tienen así en casa.
En fin, que las rebajas son un asco en el sentido más estricto de la palabra.
* Cóbrese usted mismo => Las grandes superficies están pasándose de listas con lo de que el cliente se cobre a sí mismo
miércoles, 28 de junio de 2017
Cuando el malo es el protagonista
Nos quejamos de
que en estos tiempos ya nada es como era. Que hay una crisis de valores, que no
hay educación, que ya no quedan principios. Es verdad. Lo vemos a diario en cada
esquina, en el trabajo, en el autobús, en el supermercado... y,
desgraciadamente, también a veces en nuestra propia casa.
Esta
transformación de la sociedad tiene muchas fuentes, me parece a mí. Pero hay
una que me llama mucho la atención, el nuevo cine, las nuevas serie, la nueva
literatura. Me explico. Resulta que antes en cualquier historia de ficción, en cualquier formato, al final siempre ganaban los buenos. A ver, no quiero decir que todo
fuera de color rosa. Había dramas y tragedias, claro, pero siempre el bien prevalecía sobre el mal.
Sin embargo, de
un tiempo a esta parte se ha puesto muy de moda que los malos sean los protagonistas.
Como prueba baste un botón, que diría mi abuela, House of Cards, todo vale para
llegar a lo más alto del poder. Pero es una cosa generalizada. Ahora, para tener éxito hay que alabar sin ningún pudor las artimañas para lograr lo que se desea.
Esta tendencia, que también la estoy
viendo en la nueva literatura (Falcó, de Pérez Reverte, por ejemplo), cuenta historias en las que los malos son
los que empatizan con el lector, son aquellas personas a las que parece que hay
que perdonar -o imitar- porque los buenos no son muy simpáticos... O, a veces, porque no sencillamente son los menos malo por ausencia de lo correcto.
En esta crítica que hago de los nuevos mensajes que desde los medios de entretenimiento llegan a la sociedad tengo que referirme obligatoriamente a los programas basura. Esos mal llamados 'realitis' que
airean los rincones más oscuros de la vida de las personas desde la pequeña pantalla, una vida que muchos anhelan imitar. Pero de esto ya se ha hablado sobradamente sin mucho éxito, la verdad.
No sé. Esta tendencia a ensalzar las malas prácticas me
parece preocupante y peligrosa y desde luego un tema para reflexionar. Porque no sé si esta nueva sociedad en la que vivimos y de la que
nos quejamos por su falta de humanidad será un reflejo de esas nuevas
historias con las que nos bombardean a diario. Ya se sabe el poder que ejercen los medios en una sociedad que no está acostumbrada a pensar.
Lo malo es que quizá sea al revés, que esa deriva de la sociedad sea imitada por las historias de ficción, lo que desde luego es para echarse a temblar.
miércoles, 22 de marzo de 2017
Obituarios canallas
El otro día me cuentan que empieza a ponerse de moda los obituarios 'canallas'. Es decir, las reseñas de alguien que ha muerto resaltando su lado más oscuro en vez de alabar las bonanzas de su vida, como se hacía hasta ahora. Quien me cuenta esto, me dice que lo ha visto en varios medios de Estados Unidos, con personajes públicos o famosos que han muerto recientemente.
Yo me paro a pensar en esto y empiezo a estar cada vez más segura de que este mundo está huyendo de sí mismo. Y lo digo por esto de los obituarios canallas pero también por esas películas en las que lo mejor es que unos se comen a otros o esos libros que han perdido la literatura en favor de historias de crímenes a destajo.
En esta misma línea se encuentran los medios de comunicación, con esa infoxicación diaria que nos muestran sus páginas web con cientos de noticias en portada de las que solo un 10 % tienen algo que contar. El resto, titulares de este corte: '¿por qué tu gato ve la tele cuando tú no estás?', 'Has estado friendo mal los huevos y lo sabes', y tonterías por el estilo que al que tenga un poco de cordura debería hacerle vomitar, en el sentido más figurado de la palabra, claro, porque que hayas estado friendo mal los huevos y lo sepas (que ya es mucho suponer porque no creo que el firmante del artículo sea adivino) sea para vomitar literalmente.
En fin, no voy a descubrir aquí que todo esto es solo un reflejo de la sociedad que vivimos. Esa que va tan deprisa hacia ninguna parte, sin pararse a pensar que hay cosas más importante que ganar dinero. Cosas como la honestidad, el respecto... En fin, 'chorradillas' para algunos, pero que a la gran mayoría podrían hacernos muy felices.
Lo dicho, que lo de los obituarios 'canallas' -una palabra muy de moda que es sinónimo de despreciable y que también se aplica a bares, restaurante y demás como si fuera sinónimo de moderno o super 'cool'- solo es una gota más de esa pérdida de rumbo que llevamos los humanos desde hace ya algunos años.
Yo me paro a pensar en esto y empiezo a estar cada vez más segura de que este mundo está huyendo de sí mismo. Y lo digo por esto de los obituarios canallas pero también por esas películas en las que lo mejor es que unos se comen a otros o esos libros que han perdido la literatura en favor de historias de crímenes a destajo.
En esta misma línea se encuentran los medios de comunicación, con esa infoxicación diaria que nos muestran sus páginas web con cientos de noticias en portada de las que solo un 10 % tienen algo que contar. El resto, titulares de este corte: '¿por qué tu gato ve la tele cuando tú no estás?', 'Has estado friendo mal los huevos y lo sabes', y tonterías por el estilo que al que tenga un poco de cordura debería hacerle vomitar, en el sentido más figurado de la palabra, claro, porque que hayas estado friendo mal los huevos y lo sepas (que ya es mucho suponer porque no creo que el firmante del artículo sea adivino) sea para vomitar literalmente.
En fin, no voy a descubrir aquí que todo esto es solo un reflejo de la sociedad que vivimos. Esa que va tan deprisa hacia ninguna parte, sin pararse a pensar que hay cosas más importante que ganar dinero. Cosas como la honestidad, el respecto... En fin, 'chorradillas' para algunos, pero que a la gran mayoría podrían hacernos muy felices.
Lo dicho, que lo de los obituarios 'canallas' -una palabra muy de moda que es sinónimo de despreciable y que también se aplica a bares, restaurante y demás como si fuera sinónimo de moderno o super 'cool'- solo es una gota más de esa pérdida de rumbo que llevamos los humanos desde hace ya algunos años.
domingo, 4 de diciembre de 2016
Redescubrir el arte: Leonid Afremod
Leonid Afremod es un pintor contemporáneo biolorruso de nacionalidad israelí. Nació en 1955 y actualmente vive en Estados Unidos. Sus pinturas son muy llamativas, muy coloristas, con paisajes, flores, ciudades... siempre con colores muy vivos y con una técnica muy personal. Representante del arte moderno es muy conocido por vender sus obras por internet.
Estas son algunas de sus obras.
Estas son algunas de sus obras.
sábado, 5 de noviembre de 2016
Morir a los 12 años por ingesta de alcohol, ¿qué miedo empieza a dar esta sociedad nuestra?
Leo en los periódicos que
no es momento de buscar culpables sino de dar soluciones para que no vuelva a
ocurrir. Me refiero a la muerte de la niña de doce años tras un coma etílico. No
estoy de acuerdo.
Creo que sí hay que buscar culpables porque hay
muchos, por no decir que lo somos todos. Los directos y los indirectos: Los
primeros, sin duda son los padres. Tan ocupados estamos que no nos damos cuenta
de qué sucede con nuestros hijos (en este caso parece que no era la primera vez
que la preadolescente volvía a su casa en estado de embriaguez).
Pero, ¿y el adulto que ayudó
a esos niños a comprar el alcohol? y ¿el establecimiento que se saltó la ley? Aquí,
también hay que actuar. Y depurar responsabilidades. No es una anécdota.
Sin embargo, la lista de
culpables no queda ahí: ¿y esta cultura
que ve en beber alcohol una manifestación de madurez y de glamur?, ¿y esta sociedad
que sigue fomentando la ingesta de drogas a las que llama legales? Igual, aquí
todos tenemos algo que reprocharnos.
Hemos llegado a un bucle muy duro en este asunto. Desde las administraciones se
sigue permitiendo el alcohol y el tabaco bajo la disculpa de que alrededor hay
muchos puestos de trabajo. Pero eso no es tan cierto como lo pintan. También hay
muchos intereses, muchos impuestos que cobrar, mucho dinero que repartirse. No
sirven ya las leyes restrictivas –en España no son tan fuertes como deberían ser-, hay que buscar
nuevas fórmulas.
Y la primera de ellas es la concienciación social. Hay que trabajar en los colegios (enseñar a los
niños desde temprana edad los peligros del alcohol), pero también hay que dar
buen ejemplo en las familias (ese padre o esa madre que se toma el gin-tonic
delante de sus hijos menores o esas celebraciones en las que si no hay alcohol
parecen descafeinadas no son buenas consejeras).
Hay que implicar a los medios de comunicación y a
la industria del entretenimiento (esas películas en la que el protagonista
ahoga sus penas en un vaso de alcohol. Estoy harta de verlas y no precisamente
en cine de adultos. Esas discotecas que cobran el refresco al mismo precio que
la bebida alcohólica).
Los medios son potentes vías para crear tendencias y tienen mucha
responsabilidad. Una responsabilidad que no pueden dejar de lado porque a la
postre ellos son el espejo donde nos miramos todos y mucho más los niños,
inmaduros per se y esponjas muy pero
que muy absorbentes.
lunes, 17 de octubre de 2016
Bodas sin niños, la última moda
Últimamente estoy oyendo muchas cosas sobre la moda de prohibir la entrada de los niños a ciertos lugares.
Ya hace tiempo que en algunos hoteles se limita su alojamiento. Normalmente, se permiten los niños mayores de 12 años pero bajo la estricta mirada de sus padres. También los restaurantes se han sumado a la moda y, la verdad, no me extraña. Yo ya soy de esos que evito entrar en un local donde la presencia de niños sea grande.
Pues bien, lo último ha sido lo de que te inviten a una boda sin niños.
La verdad es que este es un controvertido tema y hay opiniones para todos los gustos.
El origen de esa nueva moda de prohibición tiene que ver con lo mal que se portan algunos pequeños en locales públicos.
Algunos de vosotros podéis criticarme (por favor da vuestra opinión si queréis aquí) y me podéis decir que no se portan mal, que "los niños son niños".
Pero yo me pregunto, ¿dónde está la frontera entre el juego de los niños y el molestar a los demás? ¿Dónde termina su libertad para correr y gritar en los locales públicos? Pues, claro, donde empieza la del resto de personas de pasan o están en el mismo lugar. Obvio.
Desde hace pocos años es muy común ver a los niños correr, gritar, jugar... entre las mesas cuando estás en un restaurante. ¿Eso es ser niño? Pues no, perdonadme, pero creo que en los locales públicos los niños también deben respetar el espacio de los demás. Y los padres deben así exigirlo.
Yo soy madre, y os aseguro que cuando mi hija era pequeña nunca se levantó de la mesa en un restaurante hasta que no lo hacían los adultos. Siempre procurábamos llevar con nosotros algún juego de pinturas y papel para dibujar, algún juguete o cualquier cosa que pudiera entretenerla hasta la hora de marchar. Pero, eso de correr, levantarse mil y una vez para ir la baño, o chillar en público, simplemente, no entraba en nuestro esquemas. No es que yo sea una madre modelo, sencillamente es que antes (hace 15 años, no mucho más) eso era así.
¿Ahora qué pasa? Desde luego, algo. Porque si no, nunca se hubiera extendido la prohibición en algunos locales de llevar niños. Los pequeños no son perritos que no comprenden y pueden ensuciar el piso, son personas a las que hay que enseñar y educar. No, no, la culpa, desde luego, no es de ellos. ¿Y sus padres? Por favor, que lo piensen un poco más antes de dejarles actuar.
Gracias por leerme.
Ya hace tiempo que en algunos hoteles se limita su alojamiento. Normalmente, se permiten los niños mayores de 12 años pero bajo la estricta mirada de sus padres. También los restaurantes se han sumado a la moda y, la verdad, no me extraña. Yo ya soy de esos que evito entrar en un local donde la presencia de niños sea grande.
Pues bien, lo último ha sido lo de que te inviten a una boda sin niños.
La verdad es que este es un controvertido tema y hay opiniones para todos los gustos.
El origen de esa nueva moda de prohibición tiene que ver con lo mal que se portan algunos pequeños en locales públicos.
Algunos de vosotros podéis criticarme (por favor da vuestra opinión si queréis aquí) y me podéis decir que no se portan mal, que "los niños son niños".
Pero yo me pregunto, ¿dónde está la frontera entre el juego de los niños y el molestar a los demás? ¿Dónde termina su libertad para correr y gritar en los locales públicos? Pues, claro, donde empieza la del resto de personas de pasan o están en el mismo lugar. Obvio.
Desde hace pocos años es muy común ver a los niños correr, gritar, jugar... entre las mesas cuando estás en un restaurante. ¿Eso es ser niño? Pues no, perdonadme, pero creo que en los locales públicos los niños también deben respetar el espacio de los demás. Y los padres deben así exigirlo.
Yo soy madre, y os aseguro que cuando mi hija era pequeña nunca se levantó de la mesa en un restaurante hasta que no lo hacían los adultos. Siempre procurábamos llevar con nosotros algún juego de pinturas y papel para dibujar, algún juguete o cualquier cosa que pudiera entretenerla hasta la hora de marchar. Pero, eso de correr, levantarse mil y una vez para ir la baño, o chillar en público, simplemente, no entraba en nuestro esquemas. No es que yo sea una madre modelo, sencillamente es que antes (hace 15 años, no mucho más) eso era así.
¿Ahora qué pasa? Desde luego, algo. Porque si no, nunca se hubiera extendido la prohibición en algunos locales de llevar niños. Los pequeños no son perritos que no comprenden y pueden ensuciar el piso, son personas a las que hay que enseñar y educar. No, no, la culpa, desde luego, no es de ellos. ¿Y sus padres? Por favor, que lo piensen un poco más antes de dejarles actuar.
Gracias por leerme.
viernes, 30 de septiembre de 2016
Tanta tecnología en los coches ¿ayuda o peligro?
Muchas veces tanta tecnología en los coches puede llegar a ser un estorbo. A veces los conductores pueden perderse entre los botones, app y prestaciones de los sistemas de infoentretenimiento y ayudas a la conducción que equipan los modernos automóviles, lo que contrariamente a lo que se pretende puede suponer un problema para la seguridad a bordo.
He escrito un tema sobre esto en bez.es. Por si te interesa te dejo aquí el enlace
He escrito un tema sobre esto en bez.es. Por si te interesa te dejo aquí el enlace
viernes, 26 de agosto de 2016
Burkini o bikini, vivamos -y bañémonos- en paz
En este debate que se ha abierto sobre el burkini hay algo que se ha olvidado, o al menos yo no he visto que se hable mucho sobre ello: ¿Las mujeres que lo llevan se lo ponen porque quieren o porque las obligan?
Antes de ponernos a prohibir o a alabar vamos a estudiar por qué visten así estas mujeres. Si lo hacen de verdad porque quieren hacerlo, no hay más que hablar. Pero... si es por obligación, igual hay que luchar porque también puedan elegir. Seguramente se dan las dos circunstancias.
Aparte de que no sé si visten así porque quieren, a mí lo único que me preocupa de la vestimenta de las mujeres árabes es que no se les vea la cara. El otro día me crucé en el baño de un Corte Inglés de Madrid con una mujer vestida con un burka, era de tono marrón y parecía de una tela un tanto basta. Esta es la primera vez que he visto a alguien con este tipo de ropa en España y, confieso, me chocó mucho.
Uno de mis primeros pensamientos al verla fue que cuánto calor debería estar pasando esa mujer. Pero confieso que mis prejuicios, o mi instinto de supervivencia, me hicieron desconfiar. Me fui. En la puerta del baño había un hombre, podría ser su marido, vestido con un pantalón común y una camiseta corriente. El siguiente pensamiento que tuve hacia ella fue preguntarme si esa mujer se vestía así porque quería o porque la obligaban.
Yo reconozco que me gusta ver la cara de las personas con las que me cruzo. Y también comprendo que en cuestión de seguridad cierta indumentaria puede resultar cuanto menos inquietante.
Pero, no debería tener tanta importancia que alguien se bañe con la ropa que quiera, vestidos o desnudos, con bikini o bermudas... siempre que respetemos el entorno y a los demás.
Por eso creo que estamos dando demasiada importancia a este tema. Me parece que prohibir el burkini es una barbaridad, no veo en qué puede ofenden ver en la playa bañándose a una mujer completamente vestida, como tampoco me ofende ver los minúsculos bikinis de otras. Vivamos -y bañémonos- en paz.
Antes de ponernos a prohibir o a alabar vamos a estudiar por qué visten así estas mujeres. Si lo hacen de verdad porque quieren hacerlo, no hay más que hablar. Pero... si es por obligación, igual hay que luchar porque también puedan elegir. Seguramente se dan las dos circunstancias.
Aparte de que no sé si visten así porque quieren, a mí lo único que me preocupa de la vestimenta de las mujeres árabes es que no se les vea la cara. El otro día me crucé en el baño de un Corte Inglés de Madrid con una mujer vestida con un burka, era de tono marrón y parecía de una tela un tanto basta. Esta es la primera vez que he visto a alguien con este tipo de ropa en España y, confieso, me chocó mucho.
Uno de mis primeros pensamientos al verla fue que cuánto calor debería estar pasando esa mujer. Pero confieso que mis prejuicios, o mi instinto de supervivencia, me hicieron desconfiar. Me fui. En la puerta del baño había un hombre, podría ser su marido, vestido con un pantalón común y una camiseta corriente. El siguiente pensamiento que tuve hacia ella fue preguntarme si esa mujer se vestía así porque quería o porque la obligaban.
Yo reconozco que me gusta ver la cara de las personas con las que me cruzo. Y también comprendo que en cuestión de seguridad cierta indumentaria puede resultar cuanto menos inquietante.
Pero, no debería tener tanta importancia que alguien se bañe con la ropa que quiera, vestidos o desnudos, con bikini o bermudas... siempre que respetemos el entorno y a los demás.
Por eso creo que estamos dando demasiada importancia a este tema. Me parece que prohibir el burkini es una barbaridad, no veo en qué puede ofenden ver en la playa bañándose a una mujer completamente vestida, como tampoco me ofende ver los minúsculos bikinis de otras. Vivamos -y bañémonos- en paz.
lunes, 20 de junio de 2016
Gente tóxica ¡qué pesadilla!
Llevo varios días viendo
en medios de comunicación una serie de reportaje sobre gente tóxica, gente que
te amarga la vida y que no te deja ser feliz con sus comentarios, sus mentiras,
su palabrería... Pues bien, aquí va mi lista particular de gente con la que no
quiero encontrarme, ni gastar un minuto de mi vida. Conozco alguno que pertenece a más de un grupo.
- El CRITICÓN: Esa
persona que se pasa el día criticando a diestro y siniestro. A todos les ‘corta
un traje’. Puede ser un compañero de trabajo que malmete contra el resto, un amigo/a que siempre te llama para poner verde a alguien, tu
hermano/a que critica sistemáticamente al resto de la familia... Lo mejor es cortar por lo sano y no dejar que te llene
el gorro de pipas.
-EL QUE SE PASA EL DÍA
CONTANDO ENFERMEDADES: Aquel que solo te llama para contarte que a fulanito le
han operado de ‘nosequé’, que a menganito le ha salido un bulto ‘nosedonde’,
que zutanito tiene muy mala cara… ¡Fuera! Ya tenemos bastante con lo nuestro y
lo de nuestros allegados. Nada de oír penurias narradas por otros que nos
amargan la existencia.
-EL PESIMISTA: Ese que
todo lo ve negro. Si llueve porque llueve, si hace calor porque hace calor. El
que nunca consigue ver el arco iris. Este es un espécimen que, no obstante, le
encanta retozar en su propia desgracia y quiere compartirla con los demás.
-EL ABURRIDO: Que te
llama o quiere quedar contigo porque no tiene otra cosa que hacer. Te persigue
en redes sociales, whatsaap, por email, o se hace el encontradizo en la oficina
para contarte tal o cual cosa que a ti ni te interesa. No es que esté muy
interesado en ti, sino que está tan aburrido que tiene que llenar su agenda
como sea.
-EL MENTIROSO: La mayoría
de las veces engaña porque sí, para dárselas de listo, bueno, divertido… Es el
típico exponente de la teoría del Parchís: “come una y cuenta veinte”.
-EL PRESUNTUOSO: Te cuenta
lo bien que hace todo, lo listos que son sus hijos, la cantidad de palmaditas
que todos los días le da su jefe, lo estupendamente que se lo ha pasado en las
vacaciones, lo mucho que corre su nuevo coche… Y por supuesto, se cree mucho
mejor que tú en todo. Ya sabes, el que tiene el ego más grande que el culo.
-EL CHARLATÁN: Ese que
cuando está contigo no te deja ni hablar, que te cuenta su vida una y otra vez
y que cuando intentas meter baza te corta diciendo aquello de ‘pues sí, a mi
primo le pasó lo mismo y bla, bla, bla’, sin dejar que tú termines. Alguien que
no valora los silencios y cree que si no hablas es que te estás aburriendo.
martes, 3 de mayo de 2016
Cinco razones por las que no compro en Zara, Mango... y demás
Estas son mis cinco razones por las que no compro en tiendas como Zara, Mango, H&M... y alguna otra.
- Porque ofrecen mala calidad en su confección y en las telas y materiales utilizados.
- Porque tienen la ropa desordenada, tirada por el suelo y sucia.
- Porque algunos de sus dependientes te miran por encima del hombro y demuestran su malestar cuando les pides que te ayuden a encontrar un producto.
- Porque la relación calidad-precio es pésima.
- Y sobre todo porque cada día oigo más cosas -y las creo (cuando el río suena)- sobre cómo confeccionan su productos en países del Tercer Mundo.
- Porque ofrecen mala calidad en su confección y en las telas y materiales utilizados.
- Porque tienen la ropa desordenada, tirada por el suelo y sucia.
- Porque algunos de sus dependientes te miran por encima del hombro y demuestran su malestar cuando les pides que te ayuden a encontrar un producto.
- Porque la relación calidad-precio es pésima.
- Y sobre todo porque cada día oigo más cosas -y las creo (cuando el río suena)- sobre cómo confeccionan su productos en países del Tercer Mundo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






