Se trata de un enclave medieval de gran encanto con un casco histórico que fue nombrado Conjunto Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural en 1968.
Un blog para entretener, en el que mato mi adicción a la escritura. Aprovecho y te doy ideas para viajar, para leer, para contemplar... Con apuntes para soñar. También te cuento mis opiniones algo críticas sobre la vida. Escríbeme, me encantará.
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miércoles, 17 de enero de 2024
Escapada: De Sos del Rey Católico al Monasterio de Piedra
Estupenda escapada la que hemos
hecho mi familia y yo este fin de semana. Primera parada, Sos del Rey Católico, un precioso
lugar en la comarca de las Cinco Villas a 120 km al noreste de Zaragoza.
Se trata de un enclave medieval de gran encanto con un casco histórico que fue nombrado Conjunto Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural en 1968.
Se trata de un enclave medieval de gran encanto con un casco histórico que fue nombrado Conjunto Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural en 1968.
lunes, 8 de enero de 2024
En defensa del usted
¿Creéis que el usted está acabado?
A mí me molesta que me tuteen, lo confieso. Bueno,
matizo, me molesta en algunos casos. Por ejemplo, entiendo que los amigos de mi
hija lo hagan y me parece bien, entiendo que mis compañeros de pilates también,
sean de la edad que sean. Después de todo tenemos una relación más o menos informal. En el primer caso como amigos de la casa y en segundo como compañeros
de gimnasio.
jueves, 9 de junio de 2022
Escapada: Vigo y su entorno, maravilla por el paisaje, por la gente, por la gastronomía
En estos primeros compases del verano y ante las expectativas -como los últimos años- de pocas vacaciones, me he escapado unos días a Vigo y sus alrededores. La verdad es que la zona es una maravilla, una maravilla por el paisaje, por su gente, por su gastronomía.
lunes, 26 de julio de 2021
Edvard Munch, mucho más que El Grito
La primera vez que vi una exposición de Edvard Munch fue en el Museo Thyssen de Madrid. Me encantó. Después de aquello y con ocasión de algunos de mis viajes a Oslo -ya contaré en otro momento por qué voy tanto a la capital noruega- pude recrearme en el Museo Munch, una grandiosa exposición permanente en un emblemático edificio que preside el fiordo más famoso de esa capital junto con la icónica Opera de Oslo.
martes, 22 de junio de 2021
Escher, bendito surrealismo
La primera vez que descubrí a M.C. Escher fue hace
algunos años cuando por casualidad vi un anuncio de Ikea en la que rendía
homenaje al genio surrealista holandés con un cartel en el que se mostraba un taburete
imposible. Me llamó mucho la atención y empecé a buscar algo más sobre ese
genio que basó su obra en las matemáticas y en los experimentos científicos con
unos diseños que nunca dejan indiferente.
miércoles, 3 de marzo de 2021
Almóndiga, toballa, asín, mostro, otubre… La RAE debería hacérselo mirar
Me he divertido mucho escribiendo un reportaje para yellowbreak.com sobre ciertas palabras que son perfectamente correctas según el Diccionario de la RAE pero que a mí me suenan muy paletas. Así, por ejemplo tenemos: almóndiga, toballa, asín, otubre… palabras que vienen en el Diccionario y que a mí me han dejado estupefacta aunque no soy la única. La verdad es que me he reído haciendo el reportaje pero a la vez me he indignado un poco, lo confieso, porque ¡¡¡vaya forma de maltratar el castellano!!!
jueves, 1 de febrero de 2018
Los nuevos bestseller o como todo vale para enganchar al lector
En los últimos tiempos el mundo del bestseller está dando un giro hacia el 'todo vale para conseguir enganchar al lector', una tendencia tan absurda como cínica que falta al respeto a los amantes de la buena literatura.
Me refiero a ese elenco de nuevos autores (por supuesto, no todos) que cuentan su historia, casi siempre policíaca, como si se la narraran a un amigo deprisa y corriendo en una cafetería, y sin una pizca de buena literatura. Es decir, que ahora lo importante es mezclar asesinos, policías, secuestros, misterios, forenses, mentiras, amores prohibidos, secretos inconfesables... y llevarlo al último extremo pero sin perder un minuto en recrearse lo más mínimo en mimar el lenguaje, en sacarle la esencia a la última de las palabras, en enriquecer la historia con descripciones...
Quiero decir que no sería malo mezclar todos estos ingredientes si además de un buen desenlace hubiera en las páginas de estos últimos éxitos de ventas algo de literatura. Un poco de virtuosismo con la pluma o con el ordenador, vamos.
Que a mí me encanta la novela negra, las grandes historias de detectives... pero no a cualquier precio. Que también quiero que el escritor me de todo de sí, que se vacíe narrando esa historia que ha fabricado en su mente privilegiada. Que para contar una historia de cafetería valemos cualquiera.
Me refiero a ese elenco de nuevos autores (por supuesto, no todos) que cuentan su historia, casi siempre policíaca, como si se la narraran a un amigo deprisa y corriendo en una cafetería, y sin una pizca de buena literatura. Es decir, que ahora lo importante es mezclar asesinos, policías, secuestros, misterios, forenses, mentiras, amores prohibidos, secretos inconfesables... y llevarlo al último extremo pero sin perder un minuto en recrearse lo más mínimo en mimar el lenguaje, en sacarle la esencia a la última de las palabras, en enriquecer la historia con descripciones...
Quiero decir que no sería malo mezclar todos estos ingredientes si además de un buen desenlace hubiera en las páginas de estos últimos éxitos de ventas algo de literatura. Un poco de virtuosismo con la pluma o con el ordenador, vamos.
Que a mí me encanta la novela negra, las grandes historias de detectives... pero no a cualquier precio. Que también quiero que el escritor me de todo de sí, que se vacíe narrando esa historia que ha fabricado en su mente privilegiada. Que para contar una historia de cafetería valemos cualquiera.
miércoles, 28 de junio de 2017
Cuando el malo es el protagonista
Nos quejamos de
que en estos tiempos ya nada es como era. Que hay una crisis de valores, que no
hay educación, que ya no quedan principios. Es verdad. Lo vemos a diario en cada
esquina, en el trabajo, en el autobús, en el supermercado... y,
desgraciadamente, también a veces en nuestra propia casa.
Esta
transformación de la sociedad tiene muchas fuentes, me parece a mí. Pero hay
una que me llama mucho la atención, el nuevo cine, las nuevas serie, la nueva
literatura. Me explico. Resulta que antes en cualquier historia de ficción, en cualquier formato, al final siempre ganaban los buenos. A ver, no quiero decir que todo
fuera de color rosa. Había dramas y tragedias, claro, pero siempre el bien prevalecía sobre el mal.
Sin embargo, de
un tiempo a esta parte se ha puesto muy de moda que los malos sean los protagonistas.
Como prueba baste un botón, que diría mi abuela, House of Cards, todo vale para
llegar a lo más alto del poder. Pero es una cosa generalizada. Ahora, para tener éxito hay que alabar sin ningún pudor las artimañas para lograr lo que se desea.
Esta tendencia, que también la estoy
viendo en la nueva literatura (Falcó, de Pérez Reverte, por ejemplo), cuenta historias en las que los malos son
los que empatizan con el lector, son aquellas personas a las que parece que hay
que perdonar -o imitar- porque los buenos no son muy simpáticos... O, a veces, porque no sencillamente son los menos malo por ausencia de lo correcto.
En esta crítica que hago de los nuevos mensajes que desde los medios de entretenimiento llegan a la sociedad tengo que referirme obligatoriamente a los programas basura. Esos mal llamados 'realitis' que
airean los rincones más oscuros de la vida de las personas desde la pequeña pantalla, una vida que muchos anhelan imitar. Pero de esto ya se ha hablado sobradamente sin mucho éxito, la verdad.
No sé. Esta tendencia a ensalzar las malas prácticas me
parece preocupante y peligrosa y desde luego un tema para reflexionar. Porque no sé si esta nueva sociedad en la que vivimos y de la que
nos quejamos por su falta de humanidad será un reflejo de esas nuevas
historias con las que nos bombardean a diario. Ya se sabe el poder que ejercen los medios en una sociedad que no está acostumbrada a pensar.
Lo malo es que quizá sea al revés, que esa deriva de la sociedad sea imitada por las historias de ficción, lo que desde luego es para echarse a temblar.
domingo, 4 de diciembre de 2016
Redescubrir el arte: Leonid Afremod
Leonid Afremod es un pintor contemporáneo biolorruso de nacionalidad israelí. Nació en 1955 y actualmente vive en Estados Unidos. Sus pinturas son muy llamativas, muy coloristas, con paisajes, flores, ciudades... siempre con colores muy vivos y con una técnica muy personal. Representante del arte moderno es muy conocido por vender sus obras por internet.
Estas son algunas de sus obras.
Estas son algunas de sus obras.
lunes, 17 de octubre de 2016
Bodas sin niños, la última moda
Últimamente estoy oyendo muchas cosas sobre la moda de prohibir la entrada de los niños a ciertos lugares.
Ya hace tiempo que en algunos hoteles se limita su alojamiento. Normalmente, se permiten los niños mayores de 12 años pero bajo la estricta mirada de sus padres. También los restaurantes se han sumado a la moda y, la verdad, no me extraña. Yo ya soy de esos que evito entrar en un local donde la presencia de niños sea grande.
Pues bien, lo último ha sido lo de que te inviten a una boda sin niños.
La verdad es que este es un controvertido tema y hay opiniones para todos los gustos.
El origen de esa nueva moda de prohibición tiene que ver con lo mal que se portan algunos pequeños en locales públicos.
Algunos de vosotros podéis criticarme (por favor da vuestra opinión si queréis aquí) y me podéis decir que no se portan mal, que "los niños son niños".
Pero yo me pregunto, ¿dónde está la frontera entre el juego de los niños y el molestar a los demás? ¿Dónde termina su libertad para correr y gritar en los locales públicos? Pues, claro, donde empieza la del resto de personas de pasan o están en el mismo lugar. Obvio.
Desde hace pocos años es muy común ver a los niños correr, gritar, jugar... entre las mesas cuando estás en un restaurante. ¿Eso es ser niño? Pues no, perdonadme, pero creo que en los locales públicos los niños también deben respetar el espacio de los demás. Y los padres deben así exigirlo.
Yo soy madre, y os aseguro que cuando mi hija era pequeña nunca se levantó de la mesa en un restaurante hasta que no lo hacían los adultos. Siempre procurábamos llevar con nosotros algún juego de pinturas y papel para dibujar, algún juguete o cualquier cosa que pudiera entretenerla hasta la hora de marchar. Pero, eso de correr, levantarse mil y una vez para ir la baño, o chillar en público, simplemente, no entraba en nuestro esquemas. No es que yo sea una madre modelo, sencillamente es que antes (hace 15 años, no mucho más) eso era así.
¿Ahora qué pasa? Desde luego, algo. Porque si no, nunca se hubiera extendido la prohibición en algunos locales de llevar niños. Los pequeños no son perritos que no comprenden y pueden ensuciar el piso, son personas a las que hay que enseñar y educar. No, no, la culpa, desde luego, no es de ellos. ¿Y sus padres? Por favor, que lo piensen un poco más antes de dejarles actuar.
Gracias por leerme.
Ya hace tiempo que en algunos hoteles se limita su alojamiento. Normalmente, se permiten los niños mayores de 12 años pero bajo la estricta mirada de sus padres. También los restaurantes se han sumado a la moda y, la verdad, no me extraña. Yo ya soy de esos que evito entrar en un local donde la presencia de niños sea grande.
Pues bien, lo último ha sido lo de que te inviten a una boda sin niños.
La verdad es que este es un controvertido tema y hay opiniones para todos los gustos.
El origen de esa nueva moda de prohibición tiene que ver con lo mal que se portan algunos pequeños en locales públicos.
Algunos de vosotros podéis criticarme (por favor da vuestra opinión si queréis aquí) y me podéis decir que no se portan mal, que "los niños son niños".
Pero yo me pregunto, ¿dónde está la frontera entre el juego de los niños y el molestar a los demás? ¿Dónde termina su libertad para correr y gritar en los locales públicos? Pues, claro, donde empieza la del resto de personas de pasan o están en el mismo lugar. Obvio.
Desde hace pocos años es muy común ver a los niños correr, gritar, jugar... entre las mesas cuando estás en un restaurante. ¿Eso es ser niño? Pues no, perdonadme, pero creo que en los locales públicos los niños también deben respetar el espacio de los demás. Y los padres deben así exigirlo.
Yo soy madre, y os aseguro que cuando mi hija era pequeña nunca se levantó de la mesa en un restaurante hasta que no lo hacían los adultos. Siempre procurábamos llevar con nosotros algún juego de pinturas y papel para dibujar, algún juguete o cualquier cosa que pudiera entretenerla hasta la hora de marchar. Pero, eso de correr, levantarse mil y una vez para ir la baño, o chillar en público, simplemente, no entraba en nuestro esquemas. No es que yo sea una madre modelo, sencillamente es que antes (hace 15 años, no mucho más) eso era así.
¿Ahora qué pasa? Desde luego, algo. Porque si no, nunca se hubiera extendido la prohibición en algunos locales de llevar niños. Los pequeños no son perritos que no comprenden y pueden ensuciar el piso, son personas a las que hay que enseñar y educar. No, no, la culpa, desde luego, no es de ellos. ¿Y sus padres? Por favor, que lo piensen un poco más antes de dejarles actuar.
Gracias por leerme.
viernes, 26 de agosto de 2016
Burkini o bikini, vivamos -y bañémonos- en paz
En este debate que se ha abierto sobre el burkini hay algo que se ha olvidado, o al menos yo no he visto que se hable mucho sobre ello: ¿Las mujeres que lo llevan se lo ponen porque quieren o porque las obligan?
Antes de ponernos a prohibir o a alabar vamos a estudiar por qué visten así estas mujeres. Si lo hacen de verdad porque quieren hacerlo, no hay más que hablar. Pero... si es por obligación, igual hay que luchar porque también puedan elegir. Seguramente se dan las dos circunstancias.
Aparte de que no sé si visten así porque quieren, a mí lo único que me preocupa de la vestimenta de las mujeres árabes es que no se les vea la cara. El otro día me crucé en el baño de un Corte Inglés de Madrid con una mujer vestida con un burka, era de tono marrón y parecía de una tela un tanto basta. Esta es la primera vez que he visto a alguien con este tipo de ropa en España y, confieso, me chocó mucho.
Uno de mis primeros pensamientos al verla fue que cuánto calor debería estar pasando esa mujer. Pero confieso que mis prejuicios, o mi instinto de supervivencia, me hicieron desconfiar. Me fui. En la puerta del baño había un hombre, podría ser su marido, vestido con un pantalón común y una camiseta corriente. El siguiente pensamiento que tuve hacia ella fue preguntarme si esa mujer se vestía así porque quería o porque la obligaban.
Yo reconozco que me gusta ver la cara de las personas con las que me cruzo. Y también comprendo que en cuestión de seguridad cierta indumentaria puede resultar cuanto menos inquietante.
Pero, no debería tener tanta importancia que alguien se bañe con la ropa que quiera, vestidos o desnudos, con bikini o bermudas... siempre que respetemos el entorno y a los demás.
Por eso creo que estamos dando demasiada importancia a este tema. Me parece que prohibir el burkini es una barbaridad, no veo en qué puede ofenden ver en la playa bañándose a una mujer completamente vestida, como tampoco me ofende ver los minúsculos bikinis de otras. Vivamos -y bañémonos- en paz.
Antes de ponernos a prohibir o a alabar vamos a estudiar por qué visten así estas mujeres. Si lo hacen de verdad porque quieren hacerlo, no hay más que hablar. Pero... si es por obligación, igual hay que luchar porque también puedan elegir. Seguramente se dan las dos circunstancias.
Aparte de que no sé si visten así porque quieren, a mí lo único que me preocupa de la vestimenta de las mujeres árabes es que no se les vea la cara. El otro día me crucé en el baño de un Corte Inglés de Madrid con una mujer vestida con un burka, era de tono marrón y parecía de una tela un tanto basta. Esta es la primera vez que he visto a alguien con este tipo de ropa en España y, confieso, me chocó mucho.
Uno de mis primeros pensamientos al verla fue que cuánto calor debería estar pasando esa mujer. Pero confieso que mis prejuicios, o mi instinto de supervivencia, me hicieron desconfiar. Me fui. En la puerta del baño había un hombre, podría ser su marido, vestido con un pantalón común y una camiseta corriente. El siguiente pensamiento que tuve hacia ella fue preguntarme si esa mujer se vestía así porque quería o porque la obligaban.
Yo reconozco que me gusta ver la cara de las personas con las que me cruzo. Y también comprendo que en cuestión de seguridad cierta indumentaria puede resultar cuanto menos inquietante.
Pero, no debería tener tanta importancia que alguien se bañe con la ropa que quiera, vestidos o desnudos, con bikini o bermudas... siempre que respetemos el entorno y a los demás.
Por eso creo que estamos dando demasiada importancia a este tema. Me parece que prohibir el burkini es una barbaridad, no veo en qué puede ofenden ver en la playa bañándose a una mujer completamente vestida, como tampoco me ofende ver los minúsculos bikinis de otras. Vivamos -y bañémonos- en paz.
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