viernes, 25 de febrero de 2011

Limitar la velocidad a 110 km/h. ¿Cuánto nos va a costar el cambio de señales?

Resulta que para ahorrar y después de ver como se está poniendo la gasolina ante la crisis de los países del norte de África, nuestro Gobierno ha decidido que va a limitar la velocidad en autovías a 110 km/h “hasta que la situación mejore”. Y entonces para que todos cumplamos se van a sustituir las señales y ajustar los radares.
Y yo me pregunto ¿de quién es la empresa que cambia las señales? ¿Cuánto nos va a costar a los españoles cambiar cada una de las señales de 120 km/h que hay en nuestras carreteras? Y luego, si es una medida transitoria, ¿cuánto nos va a volver a costar el nuevo cambio cuando se estabilice la situación?

Pues menudo ahorro. Y con lo que saquen de más por las multas ¿qué van a hacer? ¿Tapar algún agujero del déficit? jaja

viernes, 11 de febrero de 2011

Consejos para no dejar el coche en casa sin que te remuerda la conciencia

Que en Madrid y en otras grandes ciudades hay contaminación es un hecho, pero que los políticos utilicen este grave problema para hacer campaña electoral no tiene nombre. Los unos acusando a los otros de negligentes y los otros defendiendo la bonanza del aire que respiramos. Ni lo uno ni lo otro y mientras, los ciudadanos respirando humo y sabe Dios qué más.
Pero, ahora no quiero hablar de los políticos, quiero defender el uso inteligente del coche particular y como aquellos que no quieren o no pueden coger el transporte público también pueden cooperar en hacer de nuestras ciudades un sitio más respirable.
Si todos condujéramos de una forma más ‘limpia’ lo mismo no les daríamos la ocasión a nuestros representantes en el gobierno, ayuntamientos y demás de amenazarnos con cerrar el centro de nuestras ciudades al tráfico privado.
Así que, aunque no sea políticamente correcto, no quiero defender el uso del transporte público como el clavo ardiendo al que tenemos que agarrarnos cuando la contaminación nos ahoga.
Me explicaré:
Supongo que no es excusa pero vivo en las chimbambas y en transporte público tardo tres veces más en llegar a mi trabajo que en coche particular. Así que y para acallar mi conciencia voy a daros unos consejos que yo practico y dan resultado –lo sé porque me dedico a esto- sobre cómo conducir mejor y ahorrar contaminación como si del combustible se tratara.
-         Fuera acelerones y frenazos bruscos. Con una conducción constante se ahorra en todos los sentidos.
-         Nada de pasar de 90/100 km/h. Esta es la velocidad óptima para conseguir unos niveles mínimos de emisiones y consumo.
-         Utiliza mejor las marchas largas. Porque además los motores se desgastan menos.
-         Arranca sin acelerar. Tampoco hace falta calentar el motor antes de salir.
-         Hay que ir con las ventanillas cerradas y el climatizador a 21 grados.
-         En las retenciones de más de un minuto hay que apagar el motor.
-         Si eres de los privilegiados que te vas a comprar un coche hazlo con sistema stop/start y con un nivel de emisiones de CO2 inferiores a 120 gramos por km. No te costará más y te sorprenderá lo que ahorras en combustible y en contaminación.
-         Mantén la presión óptima de tus neumáticos.
-         Realiza las revisiones y cambios de aceite y demás cuando toque. Ni antes ni después.
-         Y si vas a hacer pocos kilómetros entonces sí, plantéate darte un paseo o coger el bus para esas dos paradas.  Tu salud y tu bolsillo te lo agradecerán.

sábado, 5 de febrero de 2011

De la goleada económica a quedarnos fuera de la Champions

Hojeando un periódico me detengo delante de una gráfica que muestra el crecimiento económico de España y la Zona Euro de los últimos años.


Resulta que entre 2003 y 2007 nuestros país aventajaba a la Zona Euro en bastantes puntos. Por ejemplo, en 2003, España había crecido un 3,1 por cientro mientras que nuestros colegas europeos 'solo' lo habían hecho el 0,8%. Cuando ellos crecieron un 3,2% en 2006, nosotros nos colocábamos en el 4. Así unos cuantos años ganándoles por goleada en lo que al crecimiento económico se refiere.


Sin embargo, llegó el fatídico 2009 y así, de golpe y porrazo, nos da por decrecer en un 4,0%. O sea que en tres años habíamos perdido 8 puntos. Vamos, como si nos hubieran metido 8 goles en tres cuartos de hora. Mientras, en Europa la caída se frenaba en el 3,7%.


Pero como tenemos un entrenador que es muy optimista, la arenga que nos coloca es la de que no pasa nada, que ocho goles no son muchos, que tenemos tiempo para reaccionar, que somos los mejores, que el árbitro patatin, que patantan... Y así nos encontramos que se acaba el partido de 2010, con nuestros vecinos en crecimiento (1,8%) y nosotros fuera de la Champions con una desaceleración del 0,1%. ¿Le echamos la culpa al árbitro o nos ponemos a trabajar? Hay 4.200.000 de parados que están deseando hacerlo. ¿Y si echamos al entrenador?

viernes, 28 de enero de 2011

Los salarios de los españoles, reír por no llorar

A propósito del tema de las pensiones, se están publicando en estos días otros datos que a mí también me están llamando mucho la atención: Los salarios de los trabajadores españoles.   

Lo primero en lo que me fijo cuando echo un ojo al informe del Instituto Nacional de Estadística es que el salario medio es de 21.883 euros brutos al año.

Pero para que se de esa cantidad y teniendo en cuenta que una parte superará con creces esa cifra (el sueldo medio de un directivo de una empresa de más de 10 empleados es de 60.000 euros, por ejemplo) pues una gran mayoría estará por debajo de esos números.

O sea, que al final, casi todos ganan mucho menos de esos 21.883 euros anuales. Si esta cantidad la dividimos entre 12 meses, nos da una media de 1.823 euros brutos al mes, con lo cual y después de descontados Hacienda, Seguridad Social y demás… lo que queda es realmente ridículo.

¿Y con esto, cómo llegamos así a fin de mes? Pues no llegamos. No me extraña que según los últimos datos del INE, el 60% de las familias tengan dificultades para llegar a fin de mes, el 36% no pueda hacer frente a gastos imprevistos y el 20% viva bajo el umbral de la pobreza.  

Por edades, el tramo que más gana es el que se encuentra entre 50-54 años, con una media de 25.881 euros al año. (La verdad es que tiene bemoles que una persona con experiencia y muchos años de profesión a sus espaldas sólo gane esos casi 26.000 euros al año y que esa ridiculez sea uno de los factores que le impidan su reincorporación en el mercado laboral cuando se queda en paro.)
En esta estadística, lo que también sigue llamando la atención por reiterativo que parezca es que las mujeres cobran un 21% menos que los hombres en el mismo puesto de trabajo. Cuando ambos salarios se encuentran más cerca es cuando trabajadores y trabajadoras están empezando, es decir que rondan los 20 años. Lógico, claro, los sueldos de becarios y personal de prácticas son muy similares. Pero luego, y ya superada la treintena, el salario de los varones deja atrás al de las féminas y empieza a marcar diferencias ya insalvables.

Por sectores, según el INE los sueldos más altos se los llevan los intermediarios financieros y los que menos hostelería y comercio.

Por zonas, en Madrid, en el País Vasco y Navarra es donde más se cobra mientras que en Murcia y Canarias, donde menos.
  

domingo, 23 de enero de 2011

Nos sale caro estar en casa

Leo en un periódico el testimonio de una mujer mayor que asegura que a partir de ahora, por culpa de la subida de la luz y el gas, le sale más a cuenta pasar la tarde en una cafetería con un libro que quedarse en casa.
Yo a esa conclusión ya había llegado hace tiempo cuando me percaté que me salía más barato comer de menú en un restaurante de barrio (entre 8 y 10 euros en Madrid) que hacerlo en casa. Porque si comemos en casa tenemos que comprar los ingredientes, a lo que hay que añadir el gasto de sal, aceite y agua que necesitemos para condimentarlo. A ello le sumamos la luz y el gas que utilizamos para cocinar y la calefacción que consumimos mientras estamos en nuestro hogar, además de nuestro esfuerzo y, en algunos casos, el gasto de transporte para comprar los ingredientes. Pero ahí no acaba la factura diaria por comer en casa: por supuesto, hay que añadir el detergente y el agua que gastemos para fregar los platos, y no contamos el desgaste de la vajilla.  
Además, si comemos fuera, ayudamos a rehabilitar el sector de la restauración tan dañado últimamente. Y, lo mismo, evitamos más parados. Es decir que también pondremos nuestro granito de arena para sacar al país adelante. Pero claro, para que se cumplan todos estos supuestos tenemos que optar por el menú diario, porque si nos decantamos por la carta nada de lo dicho aquí sirve porque, en este caso, los precios de los restaurantes siguen siendo prohibitivos. (Conozco un sitio que no te ponen ni mantel y te cobran 10 euros por un plato único, al que tienes que añadir la correspondiente bebida y el pan y, pobre de ti, si pides postre).
Pero la mejor idea para no estar en casa y ahorra por ello no la he tenido yo. Se trata de una vieja práctica que ya tiene algunos años, pero que ahora es casi obligada, teniendo en cuenta como está la cosa: Pasar la tarde en un centro comercial sin gastar un euro. Hace calorcito o fresquito, según el mes, podemos ver tiendas -eso sí sin caer en el tentación de comprar- y a un montón de 'fauna' urbana que nos entretendrá más que el mejor cine. Y, además, con un poco de maña podemos invitar a merendar a los niños gratis. Sólo hay que entrar en un hipermercado y coger el batido y el tigretón y decirle a los chavales que se lo vayan comiendo con disimulo mientras echamos un vistazo a las ofertas que, lo mismo, no tenemos ni que comprar. Después, y una vez tirados los envases en cualquier sitio, salir por la zona de Sin Compras como si nada. En fin, que la necesidad agudiza el ingenio.
Donde no podemos pasar la tarde para ahorrar es el en coche, desde luego, porque a la hora de escribir esto, la gasolina marcaba sus máximos históricos como cuando el barril de petróleo estaba a 150 dólares, lo que pasa es que ahora solo está a 100. Pero de esto ya hablaré en otro momento.  

sábado, 15 de enero de 2011

El chollo de ser ex presidente

Visto lo visto, ser presidente del Gobierno es un chollo, pero lo que es un chollo de verdad es ser ex presidente. Y si no que se lo digan a Aznar o a González, que cobran sueldos millonarios por cada conferencia que dan o por el asesoramiento de tal o cual empresa, eso sin contar el ‘pico vitalicio’ que les queda de jubilación. Lo que no entiendo es por qué Zapatero no quiere irse ya. Tal y como están las cosas, yo no me lo pensaría tanto.
 
Y nos seguimos sorprendiendo
El primero fue Felipe González, que se aseguró una jubilación de 79.000 euros anuales a las que ahora suma 126.000 como consejero de Gas Natural. González fue quien aprobó un nuevo reglamento para ex presidentes –que listo él, hay que ver-. Después, nos enteramos de las cifras de José María Aznar, que tampoco se queda corto. A los 79.000 euros que cobra como ex presidente hay que sumar otros 300.000 como asesor de Endesa.

Y visto esto, ¿cómo iba ser menos el ex presidente catalán? José Montilla se va a embolsar 9.600 euros al mes durante los próximos cuatro años y 100.000 anuales de por vida a partir de los 65 años. Pero esto es ‘solo’ lo que le paga el Estado por haber sido presidente de la Generalitat. Los contratos que consiga de empresas privadas sumarán otro pico ya que no es incompatible trabajar para otros mientras se cobra de todos los españoles. Lo ‘mejor’ es que su mujer cobraría el 50% de esas cantidades si falleciese el ex presidente catalán antes que ella, una cifras que son compatible con su propia pensión –ya se sabe que ha ocupado varios, por no decir muchos, cargos públicos.

Lo dicho, que es un chollo ser ex presidente.

miércoles, 12 de enero de 2011

De derroche en derroche y tiro porque me toca

Cada semana el Senado se gasta 11.950 euros en traducir las sesiones parlamentarias. A esa cantidad hay que sumar 4.500 euros que han costado los auriculares para que sus señorías puedan seguir los debates en su lengua materna. Y nos quedamos tan anchos.


¿Pero es que a nadie le da vergüenza esto, con la que está cayendo? Desde luego que todo el mundo tiene derecho a expresarse en su primera lengua pero, por favor, seamos un poco solidarios, que el país no está para dispendios... ¿No hay una voz autorizada que ponga freno a esta tropelía? Seguro que haberla, hayla pero claro ¿quien es el guapo que se arriesga a que le llamen fascista o anticostitucional? Como nos la cogemos con papel de fumar, no vamos a arriesgarnos, que hay que seguir saliendo en la foto, pensará alguno. Claro, ante eso, mejor derrochar el dinero, aunque luego no haya para cosas más importantes.


Lo que falta en este país son arrestos (por no decir otra cosa) y políticos que llamen a las cosas por sus nombre, sin miedo. No muñequitos/as con cartera que juegan a ser poderosos a costa del ciudadano tan indefenso como sumiso.


Esto mismo sirve para las subvenciones del Ministerio de Cultura, que en 2010 se gastó 180 millones en proyectos, que el propio Ministerio de Hacienda ha denunciado que no están correctamente acreditados.

domingo, 9 de enero de 2011

¿Cómo nos hemos dejado engañar así...? ¿Dónde estaba nuestro instinto de supervivencia?

Bueno, pues ya se han acabado las fiestas y ahora nos toca volver a la realidad de nuestra rutina a la que en cualquier otra circunstancia incluso podríamos estar agradecidos porque dejamos de comer en exceso, de comprar regalos como zombis, de felicitar el año como autómatas… para sumirnos en nuestros quehaceres más o menos interesantes del día a día.
Pero este año, como también lo fue el pasado, volvemos a temblar de que se haya acabado la ilusión de la Navidad y  no porque nos puedan gustar más o menos la fiestas sino porque volvemos a enfrentarnos a esta dura realidad que nos despierta cada día vestida con un traje muy feo que llaman crisis.
Así, nos damos de bruces con un bolsillo vacio que nos invita a replantearnos nuestra propia existencia y, como  primer ejercicio del año, a hacer cuentas. La cuesta de enero ‘promete’ porque, como siempre, se nos ha ido la mano en Navidad. Pero, nos sentimos afortunados porque podemos darnos una vuelta por las rebajas, este año más abarrotadas que nunca, y nos proponemos comprar todo lo que necesitamos, a sabiendas de que esos descuentos de “hasta el 70%”, que anuncian los escaparates, no solo se refieren al precio sino también a la calidad. Pero, como no vamos a aprovechar ahora… si luego, posiblemente, ya no podamos gastar un euro de más.
El segundo ejercicio que se nos ocurre para que no nos pese tanta cuesta es dejar el café de media mañana, “total ya no puedo ni fumar mientras me lo tomo. Puede ser una forma de ahorrar, e incluso si dejo el tabaco…”, nos decimos. Qué triste. Ya ni café.
Seguimos haciendo cuentas. Se acabo ir mensualmente a la peluquería y de renovar el bono del gimnasio ni hablamos. Las salidas de los viernes habrá que espaciarlas y los fines de semana, a pasear a los niños al centro comercial pero sin caer en la tentación. A ver como se puede hacer eso. En el súper hay que ser más concienzudo, buscar el mejor precio y comprar sólo lo que vamos a consumir, pero los fines de semana hay que seguir yendo a ver a papá y mamá, que es donde mejor se come y siempre ahorraremos un pico.  
¿De donde más podemos arañar unos euros? Nada de coche, por supuesto, pero eso sí nunca renunciar a la Primi, y si toca… Volvemos a rezar, al Dios que sea, para que se acabe la crisis, porque nos tememos que este año también nos quedaremos sin veraneo, como el pasado.  
Y mientras pensamos esto, nos preguntamos: ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Algo terrible, reconocemos: nos hemos dejado engañar por banqueros, políticos, constructores, empresarios…  Ay, esa súper-hipoteca que firmamos hace unos años por encima de nuestras posibilidades, ese gran viaje que aplazamos el pago a doce meses, ese coche nuevo mucho más grande de lo que necesitábamos… y todo aquello que a golpe de talonario nos hacía creernos mucho más vivos, mucho más modernos, mucho más poderosos. Todo aquello que por fin acallaba ese instinto ‘tan primario’  que nos inculcaron nuestros padres, es instinto que cualquier animal obedece con los ojos cerrados, pero que nosotros, los ‘superiores’, creímos haber superado. Ese instinto, el de supervivencia, al que ahora sumergidos en esta gran crisis sí que no tendremos más remedio que volver a agarrarnos.  

miércoles, 5 de enero de 2011

Insumisos a la ley del tabaco; viva la insumisión

Algunos hosteleros, como uno muy renombrado de Marbella, han decidido dejar fumar en sus establecimientos declarándose insumisos a la ley antitabaco. Una gran idea porque así los demás ya sin rubor podemos declararnos insumisos para no pagar los impuestos o para no acatar las normas de tráfico o para no respetar el mobiliario urbano, por ejemplo... Oye, que todos tenemos los mismos derechos, ¿no?
Claro, que en ese caso, lógicamente nos multarán. Porque las leyes son para cumplirlas nos gusten o no.
Pero como entiendo que lo que temen estos empresarios es perder a su clientela, lo cual es bastante lógico, yo les voy a dar una idea: que pongan un bote a la entrada de sus establecimientos con una leyenda que diga “gracias por ayudarme a pagar la multa por dejarle fumar” y seguro que más de un cliente pagará gustoso.
Sin embargo, tienen que tener cuidado estos empresarios porque lo mismo los no fumadores también podemos declararnos insumisos a la hora de ir a alguno de esos establecimientos que se saltan la ley o optar por otros que sí la cumplan. También tenemos nuestros derechos.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Los propósitos para el nuevo año

Según se inicia un año nuevo –también nos pasa cuando volvemos de vacaciones- nos hacemos una larga lista de propósitos para la nueva temporada. Que si dejar de fumar (esto va a ser fácil este año), que si apuntarnos a un curso de inglés, que si volver al gimnasio, que si empezar el régimen… Sin embargo, pocas veces nos proponemos algo que mejoraría mucho nuestra vida, el ser un poco mejores.
Pero no me refiero a que nos apuntemos a una ONG o nos hagamos socios de alguna organización solidaria –que también-. Me refiero a que entre nuestros propósitos para el nuevo año deberíamos incluir acciones sencilla que mejorarían nuestro día a día y también el de la gente que tenemos más cerca y, quien sabe, si granito a granito conseguiríamos de verdad un mundo mejor.
Así, por ejemplo, se me ocurre como propósitos para el nuevo año:
1.-Intentar ser más amables con esos familiares pesados que nos encrespan, con esos compañeros de trabajo que no aguantamos, con esos vecinos insoportables…
2.-Vencer la pereza que nos impide cumplir con nuestras obligaciones.  Limitar los cafés y los cigarritos para escaquearnos del trabajo, dejar de inventarnos reuniones para no llegar a buscar a los niños al colegio o a recoger la compra, o excusas para no visitar a ese amigo enfermo…
3.-Dejar de adorar el dinero y malgastarlo en cibercompras –o lo que sea- que luego dejamos aparcadas en un cajón.
4.-Dejar de creernos el ombligo del  mundo, seguro que alguna vez estamos equivocados. La humildad es una gran virtud.
5.-Aprender a escuchar. Haremos muy feliz a nuestro interlocutor.
6.- Ser más respetuoso con los demás conductores, que los atascos son para todos y todos tenemos prisa.
7.- Ser más cariñosos con los mayores. Reconocer que su experiencia es un grado.
8.- Ser más generoso cuando nos cruzamos con los desfavorecidos: los ‘sintecho’, aquellos que nos piden unas monedas en los semáforos, los músicos del metro, los desfavorecidos de nuestro día a día.
Y así, unas cuantas acciones más que sin duda devolverían al mundo unos cuantos valores que de un tiempo a esta parte hemos perdido.

martes, 21 de diciembre de 2010

Estado aconfesional; Navidad para todos

Resulta que todos estamos deseando que lleguen las vacaciones de Navidad.
Pero creo que este estado aconfesional que nos ocupa debería cambiar el nombre de estas vacaciones y poner cualquier otra cosa más aséptica. También las podría suprimir ya que la mayoría de la gente no debería tener reparo en trabajar el 25 de diciembre o el 6 de enero, teniendo en cuenta que sólo son fiestas para los cristianos. Podríamos conformarnos con librar el 1 de enero para congratularnos que llega un nuevo año.
 
Sin embargo, cuando llega este tiempo nos damos cuenta de que no somos tan aconfesionales porque los ayuntamientos siguen engalanando las calles con motivos navideños, los ciudadanos seguimos reuniéndonos en familia para cenar el 24 de diciembre, porque seguimos poniendo el belén en nuestras casa y porque seguimos soñando con los regalos de Reyes… ¿De verdad que somos aconfesionales?

Yo creo que no. Me temo que es más una moda o una forma como otra cualquiera de hacerse el progre. Pero si lo somos o nuestro gobierno pretende que lo seamos entonces pecamos de incongruentes. Y si no queremos renunciar a la Navidad entonces también deberíamos comenzar a celebrar cualquier otra fiesta religiosa de cualquiera de las muchas comunidades que viven en nuestro país.

domingo, 12 de diciembre de 2010

La fábula del presidente más listo

Durante unos días he mantenido una encuesta en este blog en la que os preguntaba cual es vuestra principal preocupación en estos tiempos. Las opciones eran: el paro, la crisis de valores, que los políticos no estén a la altura o el futuro de los hijos. El 80% de los que votasteis afirmabais que lo más preocupante es la incapacidad de los políticos para gobernar.  
Estos resultados me recuerdan una fábula que leí hace tiempo y que os voy a contar.
En un país remoto todos los miembros del Ejecutivo tenían carrera universitaria, como la tenían también todo aquel que pretendía formar parte del Congreso y del Senado. Entre todos los aspirantes a presidente del Gobierno, que además debía superar los 40 años de edad, llegaba a gobernar el que disponía del más brillante expediente académico. También era imprescindible que dominase al menos dos idiomas además de su lengua materna. A su vez, el presidente del Gobierno elegía su gabinete entre los mejores economistas, abogados, médicos, ingenieros, juristas… para cada uno de los ministerios. Cuando acababa su mandato, el presidente no se retiraba sino que pasaba a formar parte de un consejo de sabios que ayudaba al nuevo presidente a dirigir el país. Y esto mismo también servía para los gobernantes de ayuntamiento y otras comunidades…
Y os preguntaréis y los ciudadanos ¿no votan? Podría deciros que para qué, si tienen los mejores en el Gobierno. Pero, sí, sí que votan, no para elegir a los políticos, como veis, sino para aprobar o rechazar las nuevas leyes (al menos las principales), los presupuestos de cada año… o para decidir algunas cuestiones de política exterior como por ejemplo si se hace o no una guerra o se entra en tal o cual organismo… Y además también se oye su voz, cuando cada cuatro años acude a las urnas para aprobar o suspender la gestión del gobierno.  
¿Políticamente incorrecto? Puede. Pero desde luego si mi humilde encuesta se hubiera hecho en ese remoto país no hubiera ganado la tercera opción, la de que lo que más nos preocupa es la incapacidad de nuestros políticos.   

viernes, 10 de diciembre de 2010

Que nadie me despierte del sueño del Mundial

Qué triste esto de Marta Domínguez. ¿Cuánto engaño hay detrás de nuestros deportistas? Quiero pensar que son unos pocos, que son el garbanzo negro… pero que pena. Por favor, que nadie nos despierte de sueños como el del Mundial de fútbol, el de Fernando Alonso, el de Nadal, el de Gasol… Que alguien nos despierte de la pesadilla de Contador o, ahora, de esta de Marta. 

miércoles, 17 de noviembre de 2010

El ancho de banda más estrecho y más caro

Los españoles pagamos el precio más caro por la tiple conexión: teléfono + Internet + televisión frente a Alemania, Bélgica, Francia, Holanda, Italia, Portugal y Reino Unido, según un estudio de la OCU.

Por el contrario, somos los que ‘disfrutamos’ de un ancho de banda ‘más estrecho’, con una media de descarga de 2,77 megabits por segundo, ocupando el 26º puesto en el ranking mundial. Con países como Rumanía, Portugal, República Checa, Tailandia… por delante de nosotros. 

Mientras que Francia por el triple paquete se pagan 47,9 euros, en España abonamos una media de 94,39 por el mismo servicio.

Según este informe de la OCU hay un dato más que preocupa: las tarifas planas tienen los días contados.  

sábado, 13 de noviembre de 2010

De la YE a la Z... ¿y si la RAE fuera con H?

A los que nos gusta escribir o utilizamos el lenguaje escrito muy a menudo no ganamos para sorpresas porque la RAE vuelve a hacer de las suyas y nos cambia las herramientas cada dos por tres.

-Ahora resulta que ya no hace falta poner tilde en la o entre dos números, o sea que en vez de comprar 4 ó 5 manzanas puedo comprar 405 si no interpreto bien la nota que me deja mi hija para el supermercado.

-También hay algunos monosílabos que han perdido la tilde como: 'guión', 'huí', 'iríais', 'truhán', 'crié'... La cantidad de ceros que me habrán puesto por no escribir estas palabras como Dios manda… (bueno, como mandaba, porque ya, no).

También nos han cambiado el nombre de la letra Y y de la Z. La primera ya no se llama Y griega sino YE y la segunda se escribe a partir de ahora con C, o sea Ceta. Sin ánimo de ofender, lo de YE me suena un poco paleto. Y la W ya no se llama Uve Doble, sino Doble V. Pues vaya chorrada.

Los latinismos, esa palabras que nos hacen parecer un poco más cultos pues pasan a ser simplemente extranjerismos, con lo cual mejor dejar de usar cosas como: in situ, ex aequo, curriculum vitae, sine die, ex cathedra…

Ah, y quórum ya no es así, es cuórum, como el país Catar que ya no es Qatar

Y una que me afecta mucho a mí. La inicial de mi nombre ya no es CH, si no C. Es que hay que ahorrar. La CH y la LL dejan de existir como letras.  

domingo, 7 de noviembre de 2010

Buscando pareja entre los últimos de la guía de teléfonos


Resulta que ahora los españoles ya tenemos un nuevo tema de conversación para olvidarnos un poco de la nueva crisis que está agrandando nuestra ya eterna depresión. Un tema que como otras muchas veces nos propone el Gobierno: el orden de los apellidos del recién nacido.
La chorrada que se han parado a legislar nuestros gobernantes (claro como no tienen otra cosa mejor que hacer) es que a partir de ahora y si los padres no se ponen de acuerdo, los hijos llevarán el apellido cuya inicial esté por delante en el abecedario. Es decir que si yo me llamo Zapatero –es un suponer (lagarto, lagarto)- ya puedo despedirme de ese apellido porque mis descendientes terminarán llamándose Álvarez, Alonso, Aceituno, Acebo… o lo que es peor, Aguirre. Sí, sí, veo que en unas pocas generaciones la guía telefónica sólo tendrá gente en la letra A, bueno puede que también en la B, y que los sonoros como Ruíz o Sánchez o los tan ilustres como Unamuno, Picasso, Velázquez o Quevedo, por poner un ejemplo, se habrán perdido para siempre.  


Ay, de las grandes dinastías como llegue una nuera o yerno díscolo. Bueno, Botín no tendrá problemas, ni Adriá y los Borbones tampoco. Pero… los Osborne, los Urdangarín o los Rato… lo tienen claro. En fin…, siempre nos quedarán los Alberti, Alexandre, Baroja, Bécquer, Calderón, Cervantes… y con un poco de suerte, Galdós.
Esta nueva norma se apoya, dicen, en la igualdad. Que los hijos tienen tanto derecho a llamarse como el padre o como la madre. Vale, hasta ahí estoy de acuerdo. Pero eso ya puede ser ahora. Pues anda que no conozco yo a gente que ha invertido sus apellidos. En unos casos porque el segundo era más ilustre y en otros porque el primero era mal sonante.
Y si hay conflicto ¿Que qué hacemos? Pues, lo sorteamos o que decida el juez o que decida el hijo cuando sea mayor… pero nunca la del orden alfabético. Qué bajo hemos caído. Veo a más de uno con apellido ilustre buscando pareja entre los últimos de la guía telefónica. Y si no, al tiempo.

domingo, 31 de octubre de 2010

Mira que somos malos


Y cuando digo malos, no me refiero a asesinos o terroristas; me refiero a nosotros, a la gente de a pie, a todos y cada uno de los que nos cruzamos en nuestras vidas día a día. A los que no tenemos antecedentes penales pero ejercemos todo lo que podemos. Y para demostrarlo pondré unos cuantos ejemplos que a todos nos van a sonar:
EN EL TRABAJO:
¿A que todos tenemos algún compañero pelota que nos hace la vida imposible y lo único que sabe hacer es sonreír al jefe o ese que nos muestra su mejor cara en el trato diario para luego ‘vendernos’ al director cuando surge el más mínimo contratiempo, o el que no da ni clavo y siempre se las arregla para que parezca lo contrario…? En el trabajo hay muchos malos, como esos que boicotean los ordenadores, impresoras, máquinas del café… porque están descontentos y no quieren que nadie disfrute en la oficina.
Y si hablamos del jefe, no hay ninguno bueno. ¿A que el vuestro frunce el morro cuando le decis que tenéis que salir un poco más pronto porque tenéis hora con el médico o pone mala cara cuando llegáis tarde a causa del tráfico? Y luego a la hora de quedarnos más tiempo a causa del trabajo... ni las gracias. Si miramos bien, nos daremos cuenta de que eso no es un hecho aislado, que lo que podemos contar con los dedos de la mano son los compañeros o jefes majos.
EN FAMILIA
Casi peor. Cuando no es la familia política es la hermana envidiosa o el primo endiosado. Eso por no hablar de la mujer o marido despechados que te hace la vida imposible estés o no divorciado.
CON LOS AMIGOS
Las mujeres se odian al comparar sus bolsos, zapatos, complementos, ropa… con los de sus amigas  y eso si no nos ponemos a hablar de la cintura de avispa o curvas de vértigo  de fulanita y que “yo no sé cómo lo hace”. También hay otra versión, las que critican a su mejor amiga por lo gorda que está y lo incapaz que es de pasar todo el día a lechuguita y alcachofas.
Por el contrario, los hombres rivalizan por lo voluminoso de sus músculos, por su cabellera espesa, por el número de sus conquistas o el largo de su pene. Envidian el coche del amigo y el cargo en su empresa que “no sé como lo habrá conseguido si en la facultad no daba ni clavo”.
CON LOS VECINOS
El coche es el principal punto de conflicto. Criticamos al de enfrente por el BMW que se ha comprado “si no tiene donde caerse muerto”. Luego viene la envidia por el viaje a las Seychelles que se marcaron el verano pasado “cuando nosotros sólo hemos podido ir a Benidorm, como siempre”.  Pero también están los vecinos malos de verdad, los que no pagan la comunidad, dejan la basura en cualquier parte, dejan el ascensor abierto, no dan ni los buenos días, son ruidosos a deshoras y no nos pasan que el día de Nochevieja podamos estar hasta las cuatro de la madrugada con nuestros amigos en casa celebrando el año nuevo con el volumen de la tele un poco más alto de lo normal. “Claro, como ellos nunca salen, se mueren en envidia”, es lo más a mano que se nos ocurre pensar.
EN LA CALLE
Los malos de la calle son los que se cuelan en la cola del autobús, los que nos empujan en las escaleras del metro porque tienen prisa, los que se cree los amos del universo a los mandos de su deportivo en el atasco de hora punta…
Se me ocurren muchos más malos, y eso que no quiero hablar de los políticos. Por ejemplo, malo también es el funcionario o dependiente incapz de sonreír cuando estamos ante él consultándole alguna cosa. Malo también es el publicista o empresario que nos engaña con la publicidad para que compremos esto o lo otro. El fontanero que nos quiere cobrar una millonada por una chapucilla, el tendero que pone un papel supergrueso para envolver, antes de pesar, por supuesto, el kilo de naranjas...  
Normalmente, no queremos reconocer que todo esto existe y pensamos que sí que algunos son malos pero que la mayoría de la gente no es así. Pero ¿de verdad estás convencido? Te invito a un ejercicio. Escribe en un papel el nombre de la gente que conozcas, que forme parte de tu vida, gente que tienes su número en tu teléfono móvil, gente con la que comes a diario, sales los fines de semana, ves en el supermercado… Pon los buenos en un lado y los malos en otro. Te sorprenderá el resultado. Pero no te deprimas... contra eso practica la comprensión es lo mejor.

jueves, 28 de octubre de 2010

La jubilación para el que se la trabaje

Teniendo en cuenta que cada vez vivimos más, cada vez estamos mejor de salud, cada vez envejecemos más tarde… sí que deberíamos trabajar más años sin rechistar.


Si antes la esperanza de vida era de 75 años y nuestra vida laboral duraba hasta los 65; ahora que la esperanza de vida es de 85 deberíamos trabajar hasta los 75, por lo menos. Si viviéramos en un mundo ideal, nadie podría rebatir este axioma.


Pero como no vivimos en un mundo ideal, se me ocurren algunos argumentos para echarlo atrás. Porque también tenemos derecho a disfrutar después de muchos años de trabajo, o al menos el que quiera, porque es verdad que hay gente que nunca se jubilaría. Bueno, lo mismo esa es otra solución: dejar que la gente posponga su jubilación voluntariamente.


Pero:
Para empezar, si trabajáramos dos años más, ¿qué perspectivas hay de que nuestro puesto vacante vaya a parar a alguno de los parados que engrosan las listas del INEM??


Hace años, en tiempos de Felipe González cuando empezó a crecer el paro, el Ministerio de Educación alargó la enseñanza obligatoria en un curso para que los chavales tardaran un año más en incorporarse al mundo laboral. Era una forma de frenar el paro juvenil y no alcanzar los ¡2.000.000 millones! de parados que amenazaban a la sociedad española de entonces ¡Qué tiempos aquellos!


Ahora el problema del paro es mucho mayor y lo de colocarles a los jóvenes un curso más ya no cuela, pero desde luego lo de retrasar la edad de jubilación no hay por donde cogerlo si lo que se busca es aligerar las listas del paro.


Algunos dirán que el problema es ese, que si nos jubilamos a los 65 y vivimos más que antes pues que no hay sistema que pueda aguantar el volumen de pensiones que ello supone.


Y ¿qué tal si antes de alargar la edad de jubilación, acabamos de verdad con algunas otras prácticas que también sangran las arcas del estado? Por ejemplo, con las prejubilaciones (conozco varios casos de 50-55-60 años), con la mala distribución de los impuestos (ayudas a sectores como el del carbón, por ejemplo), con los parados subvencionados (ya saben, lo del PER de Andalucía, por ejemplo), con el abuso de la Seguridad Social por parte de extranjeros (¿cómo lo llaman? ¿Turismo sanitario?), con el fraude a Hacienda (de folclóricas y de los que no lo son), con la economía sumergida (esos 'profesionales' que después de hacerte un trabajo –carpintería, albañilería, fontanería…- te dicen eso de “con IVA le saldrá un poco más caro”), con la fuga de capitales (que no sean sólo los curritos los que paguen sus impuestos), con la corrupción de los políticos (anda que no ahorraríamos si algunos dejara de llenarse los bolsillos ilegalmente a costa del contribuyente), con la duplicaciones de las funciones en la Administraciones, con algunos cargos públicos elegidos a dedo y con un sin fin de fraudes que son vox populi y me quedo corta.


Desde luego. Pues, eso… cuando se acabe con todo esto entonces si seguimos sin dinero puede que sea hora de pensar en las jubilaciones.


Bueno y después de estas reflexiones que, por otro lado, todo el mundo sabe y para desintoxicar copio aquí un chiste que me enviaron el otro día. Que no viene mal una risa:


Un día me dio un infarto, mi mujer llamó a una ambulancia pero los camilleros no podían bajarme por la escalera porque tenían 65 y 66 años y padecían reuma y algunas cosas más.
El conductor de la ambulancia tenía 67 y como no veía mucho chocamos con un autobús lleno de niños.
El conductor del autobús, de 67 años, murió en el acto y unos obreros de una obra, de 66 años, no pudieron rescatar a los niños porque les dolía la espalda.
Llegué al hospital y la enfermera, de 66, se equivocó de archivo porque sólo pensaba en sus nietos.
El médico que me operó, de 67 años, se dejó la dentadura postiza dentro de mi pecho.
Ahora ya estoy bien, tengo 35 años y podría realizar cualquier trabajo pero estoy en paro.

domingo, 24 de octubre de 2010

¿Qué hago con mi tele?

Cada vez que me siento en el sofá de mi casa y miro la tele, me refiero al aparato apagado, hago un esfuerzo para convencerme de que algún contenido de la ‘maravillosa’ TDT me va a interesar. Siempre caigo y la enciendo. Empiezo a zapear y me encuentro a un cocinero de pro enseñándome cómo se hace la tortilla desestructurada o el solomillo al nitrógeno líquido. Pico un segundo, metafóricamente hablando, claro… pero termino convenciéndome de que nunca pasaré de saber freír malamente ese par de huevos que me hago algunas veces para cenar. Entonces, pulso el botón del siguiente canal. Ahí está Mr. Vaughan, tan atractivo y comunicador como siempre. ‘Vale’, me digo, ‘voy a refrescar mi inglés’. Pero, claro, al poco me canso, llevo todo el día trabajando y no tengo el cerebro para mucho vaivén. Entonces intento buscar un telediario, a ver si me entero de alguna noticia. Craso error: entre las informaciones de la crisis, de los desfalcos de las folclóricas, de los desastres naturales y los asesinatos en masa, me entero, según sea la cadena que haya elegido, que el gobierno es más o menos bueno y la oposición más o menos pésima o viceversa, que también los hay.
… Qué ilusa soy, pienso, cómo puedo creer que puede haber algún informativo objetivo y que no obedezca al interés político que más pague. Entonces, sigo con mi zapping, a ver si encuentro alguna película que merezca la pena. Sí, a veces la encuentro, pero cuando veo el primer cuarto de hora y me enfrento a los 20 minutos de anuncios que le siguen me pierdo y ya no sé si el bueno es el rubio o la chica la ladrona… Total que vuelvo a cambiar de canal. Y, ahí están, los realitys show, o esos programas que todo el mundo insulta a todo el mundo, en el que los famosos sacan sus trapos sucios o en el que gente corriente nos recuerda lo bajo que puede caer el ser humano. Entonces, me armo de valor y la apago. Me quedo mirando el aparato ya sin vida y me lamento de que ahora sean tan finos porque ya ni siquiera sirven para poner encima el famoso toro de Osborne. Definitivo, me engancho a las series en DVD, para amortizar la adquisición del aparato, claro. Pero de esto ya hablaré otro día porque de momento no sé si comprar las películas o descargarlas de internet. Eso merece otra reflexión.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Tabaco, políticamente incorrecto. Impuestos pero que muy correctos

Antiguamente los buenos de las películas siempre salían fumando. Fumar era un estatus, una postura que nos hacía más elegantes, más interesantes… y nadie hablaba de que era bueno o malo para la salud. La verdad es que entonces, y hablo de hace 40 ó 50 años, el tabaco no era mucho peor que atiborrarse a bombones, por ejemplo, y engordaba mucho menos. Mi abuela fumó durante toda su vida –Bisonte sin filtro- y murió con 93 años. En el fondo, lo que ella fumaba no dejaba de ser unas hojas de una hierba cultivada bastante naturalmente.

Sin embargo, eso ahora ha cambiado, como la sociedad misma.
Con la bonanza de años anteriores, la sociedad se ha vuelto más ambiciosa y con ella todos nosotros, que ahora queremos ser ‘mejores’, pero no hablo de valores sino de ser más pudientes. Y cuando hablo de la sociedad, hablo de la gente y de las empresas, y claro, en este caso, tengo que hablar de las tabacaleras.

Veamos:

En los últimos tiempos, el tabaco ha dejado de ser tan natural como antes porque las compañías tabaqueras, en ese afán de ser ‘más pudientes’ han matado la gallina de los huevos de oro aumentado la dosis de nicotina, alquitrán y cualquier componente que cree adicción para que el que caiga ya no pueda escapar. Sin embargo, el tiro les ha salido por la culata porque estos componentes nocivos han empezado a jugar con la salud privada y la Sanidad Pública a darse cuenta de la cantidad de dinero que se emplea en tratar a personas enfermas por causa del tabaco.

A partir de aquí, junto con la concienciación que ya empezamos a tener todos de que hay que cuidarse, se ha desatado la guerra del tabaco.

Los no fumadores se defienden con razón de que no tienen porque fumar si no quieren, los fumadores dicen que por qué van a dejar de fumar si no es ilegal. Y aquí está el quid de la cuestión. ¿Por qué no es ilegal si es tan nocivo para la salud? Todos lo sabemos, por la cantidad de dinero que se embolsa el Estado, ese mismo organismo que ha aprobado la ley antitabaco, con los impuestos de cada cigarrillo.

De esta manera, la guerra del tabaco es una batalla que las administraciones ha trasladado a la calle para que la libren fumadores contra no fumadores (o viceversa), una guerra sin cuartel en la que el Estado saca su lado más fariseo, o sea hipócrita: prohíbe porque es lo políticamente correcto pero al tiempo alarga la mano para cobrar sus buenos impuestos.
Con el alcohol pasa lo mismo y esto no ha hecho más que empezar… marihuana, hachís, coca… Tiempo al tiempo. Todo sea por los impuestos…

martes, 5 de octubre de 2010

¡Cuidado! Trogloditas al volante

Hay un estudio que me gustaría que hiciera algún psicólogo: ¿Por qué los hombres se vuelven trogloditas cuando se ponen al volante?

Y digo hombres en general, porque aunque cada día hay más mujeres en esta categoría bien en verdad que la mayoría de estos ‘trogloditas’ motorizados pertenecen al género masculino.

He estado pensando sobre ello y sólo he llegado a una conclusión: es una reminiscencia de nuestros antepasados los cavernícolas, cuando provistos de un palo se lanzaban a cazar el bicho más grande que encontraban en su camino y así, de paso, demostraban su gran hombría.

Para el hombre moderno, el palo de los trogloditas es el coche. Un artefacto que además de llevarnos a sitios sirve para demostrar la hombría de quien lo conduce.

Que levante la mano quien no haya oído algeste tipo de frases alguna vez (o quien no la haya dicho).

“Yo hago Madrid-Valencia en dos horas y media”.
“El otro día puse el coche a 200 por la autovía de no se dónde”
“Pues a mi no se me cuela nadie en la fila del desvío”

Y un largo etcétera…

A mi, confieso, me molesta el macarrilla del Seat León con la música a toda pastilla que me adelanta por la derecha. También el ejecutivillo de marras que con su Audi o BMW se cree el ‘amo de la carretera’, o la furgoneta destartalada que se pega al maletero de mi coche pidiéndome paso en el carril central de la autovía. Sin embargo, en la mayoría de los casos me aparto y les dejo pasar. Pero hay una cosa con la que no puedo: los listillos que se cuelan en los peajes, en las salidas de las autopistas, en los aparcamientos, detrás de las ambulancias… en ese caso me sale de dentro mi mejor troglodita.

viernes, 1 de octubre de 2010

De Alberto Contador, a Mahatma Gandhi pasando por las vacas aduteradas

Si Alberto Contador sale indemne de su positivo en clembuterol después de alegar que se debió a que comió un solomillo adulterado, nos tenemos que alegrar por él pero al tiempo nos tendríamos que poner a temblar. Si un deportista que debe tener muchísimo cuidado con sus alimentos se puede ‘contaminar’ así de fácil, qué será de las personas ‘corrientes’ que compramos la comida en el supermercado de la esquina, que nos pasamos al menos una vez a la semana por el burger de turno o que nos creemos lo sano que es este o aquel producto porque lo dice su publicidad…

¡Qué miedo! Entre otras muchas aplicaciones, el clembuterol es un producto que se le da al ganado para que engorde. O sea, a todas las vacas que comemos. Pero tiene un montón de efectos secundarios, como dolores de cabeza, alteraciones de los nervios... y vaya usted a saber. Además de que no es la única sustancia con la que se alimentan estos animalitos que luego terminan en nuestro plato.

Rebuscando un poco más, he encontrado que en 1997 hubo otro caso parecido con un deportista que no pasó un control antidoping. El ex atleta David Martínez hizo una prueba con un cerdo. Lo engordó durante dos meses con nandrolona, luego se comió un filete y se hizo un análisis para demostrar que él no se había dopado sino que los restos que encontraron en sus pruebas anteriores fueron por culpa de un cerdo ‘mal alimentado’.

Con la cantidad de información que tenemos todos a nuestra mano, creo que las personas seguimos comiendo por dos razones: porque no sabemos o no queremos saber qué comemos o porque somos de la opinión de que de algo hay que morirse.

Y eso que sólo estoy hablando de carne, porque como nos pongamos a pensar en el pescado y mariscos de piscifactoría, de los pollos, de los huevos enriquecidos o de los que se les ha quitado el colesterol, de la leche requetetratada para que no tenga grasa, de los transgénicos, de las frutas y verduras y sus pesticidas... creo que ayunaríamos más que Mahatma Gandhi.